La Eucaristía un escándalo, y una sacudida a nuestra mediocridad

adoracion 1San Pablo relata la celebración de la última cena con las mismas palabras de la consagración que recibió la Iglesia de Cristo, con las que hoy repetimos el memorial del sacrificio de la Misa: “Haced esto en memoria mía… hasta que vuelva” (1Cor 11,26). Pero reconoce que la fuerza del cuerpo y la sangre de Cristo es que “se entrego por nosotros”, es decir, por causa nuestra y a cambio de nosotros: El muere para que yo tenga vida. Con este mismo realismo predicó Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre ; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo” (Jn 6,51). Jesús rompía entonces los esquemas mentales de sus oyentes, pero el realismo de Dios hecho hombre, que muere por salvarnos, nos da su vida sobrenatural, se queda vivo presente aunque oculto en la Eucaristía, sigue apelando a nuestra fe. Este realismo, que excluye las metáforas y las interpretaciones espiritualistas, me atrevo a decir más, sigue siendo un escándalo (como cuando comenzó a celebrarse esta fiesta en Lieja en 1247 y propuesta por el Papa Urbano IV para toda la Iglesia) y es una sacudida a nuestra mediocridad. El Cuerpo y la Sangre de Cristo es una llamada a la fe porque nos invita a contemplar a Cristo presente en la Eucaristía; pero también a la caridad, pues Jesús parece seguir provocándonos con ese “dadles vosotros de comer” para que experimentemos nuestra impotencia sin El, pero para que, seguidamente, nos saciemos de El, y le ayudemos a darse al mundo, que tanto le necesita, y a encontrar en el su sentido, el Camino, la Verdad y la Vida.

Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía, sale de nuevo a nuestro encuentro con su amor inagotable, misericordioso por encima de nuestras miserias. Reclama nuestro amor y le une al suyo para transformarnos y, en su escuela, nos enseña a entregarnos, y que el milagro que les sació en aquella multiplicación de los panes, se siga realizando hoy en quienes somos sus compañeros de camino y para nuestra sociedad.

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