Evangelio del día

Lunes, Semana XII de Tiempo Ordinario, 21 de junio de 2021

Mt 7, 1-5

1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros. 3 ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? 4 ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? 5 Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

DEL OBISPO:

No juzguéis…“. Los criterios del Señor pueden parecernos difíciles, a veces hasta escandalosos. Nuestra trayectoria en la vida ha de ser escucharle hasta empaparnos de sus sentimientos para vivir con Él, sufrir con Él, resucitar con Él y dar la vida con Él. No podemos vivir sin escuchar la Palabra de Dios, sin hacerla nuestra y rumiarla, sin que cambie nuestra realidad. En la carta a los Corintios se nos habla de que hemos sido transformados por la iluminación de la mente contemplando la gloria de Cristo: debemos transformar nuestra mente. En otro momento San Pablo en la Carta a los Romanos nos advierte de no caer en la mundanidad, en la mente mundana, sino que transformada la mente a la medida de Cristo debemos seguirle. Él, iluminando nuestra mente y nuestras obras, nos va transformando en hombres nuevos para que el mundo sea un mundo nuevo. Que llegue la luz de Cristo al mundo a través de la belleza de la vida cristiana.

San Francisco de Sales

No juzguemos antes de tiempo; juzgar corresponde a Dios; Él ve el corazón humano y el hombre no ve más que la cara.

Pero cuando todas las probabilidades nos dicen que se ha cometido un acto malo y la razón no puede convencerse de lo contrario, se debe achacar a la sorpresa, al apresuramiento, a la tentación y, en último término, no ocuparse más en ello, quitárselo del pensamiento y no hablar más de ello, pues: «Toda verdad que no es caritativa proviene de una caridad que no es verdadera.» Es una injusticia pedir el ser absueltos de nuestras faltas cuando condenamos las más pequeñas de los demás. Todavía no he visto a nadie que se haya arrepentido de hablar bien del prójimo.

Toda la belleza del alma estriba en el amor que tenga a su prójimo. Quien no mire a su prójimo santa, caritativa y piadosamente, con el respeto que le debe como cristiano, estropeará todo lo bueno que hay en su alma; pues de ahí le vendrá la soberbia, se hará insolente, envidioso y no conservará ningún rasgo de la imagen de Dios en él.

Felices quienes se ocupan en considerar sus propios defectos y no abren los ojos para fijarse en los de los demás. Y fijaos que siempre es así: los que siempre tienen algo que decir sobre las menores faltas del prójimo, de ordinario son personas que tienen grandes defectos.

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