María se pone en camino

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“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava, desde ahora me felicitarán todas las generaciones…” (Lc 1,46). Es el mismo Dios quien diseña la grandeza de María, a imagen de su Hijo: sin pecado concebida. Una corona, eso sí, que muestra a una Reina para la que reinar es amar y servir en el Reino del amor. Por eso con prontitud, como vemos hoy en la festividad de la Visitación, se pone en camino. Su realeza es inseparable de su Hijo que aún siendo Dios desde toda la eternidad fue coronado en virtud de su entrega redentora, de su servidumbre: y a ella le profestizarán: “una espada te atravesará el alma” (Lc 2,35).

Es Reina no para servirse de sus siervos sino para servirles por amor. Como hace una madre, que se gana la máxima dignidad a los ojos de sus hijos, amándoles, aguantándoles, sirviéndoles, apostando por ellos…hasta el extremo. Así nos ama María porque así nos ama Dios.

Sigue Dios haciendo luminosas a las personas, como hizo con su Madre y hoy sigue haciendo con quien decide, como Ella y con su auxilio, obedecerle en todo. Es como esas preciosas vidrieras, de muchos y diferentes colores, que no se comprenden desde fuera sino sólo desde dentro de la Iglesia cuando la luz del sol las atraviesa y el interior de la nave queda inundada de belleza y alegría. Así es la Iglesia y cada una de nuestras almas. Sólo desde dentro del seguimiento radical de Cristo se comprende la vida a la Luz del Amor de Dios, y entonces se ve bella aún en medio de las luchas. En el servicio abnegado.

Por eso si queremos de verdad darle una alegría a nuestra Señora en el día de su Visitación y que ella pueda decir como una madre de sus hijos: “vosotros sois mi corona” (1 Tes 2, 19) entonces cumplid su mandato: “Haced lo que él os diga” (Jn 2,5). Volved a la comunión y la confesión, a la misa frecuente, reconciliaos con aquellos familiares, perdonad, abandonad la injusticia de cualquier clase. Dadle esta alegría a vuestra Madre: dejaos iluminar el camino por la Luz en persona que es Jesucristo. Él ha dicho: Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas (Jn 8,12). Caminad pues, como lo que sois, hijos de la luz, no de las tinieblas (1 Jn 1, 7) ¡hijos de la Virgen para siempre!

Quiero hacer un gran llamamiento a la caridad especialmente en esta celebración. La solidaridad especialmente con los que sufren el drama del desempleo, las familias que pasan penurias y otras tantas dificultades. Es imprescindible que nuestra fe se exprese en obras y no podemos quedar indiferentes ante este sufrimiento. María, Madre de Cristo guíe nuestros pasos y os conceda caminar siempre en la luz de la fe y la caridad.

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