Oremos por la unidad de todos los cristianos, que el mundo vea, y crea…

16hkrdiSe ha dicho con frecuencia , aunque haya sido impropiamente, que se tiene sólo fe para creer lo que no se ve. La realidad es que el apóstol San Juan dice que trasmite lo que ha visto y oído del Verbo de la vida. Hay que ver mucho con los ojos del alma, pero nos ayuda también lo positivo que vemos con los ojos del cuerpo para creer. Acordaos de aquellos griegos que había oído hablar del Señor y decían  que querían ver a Jesús -dice el evangelista-. Pero eso nos pasa en el fondo a todos. Buscamos signos, manifestaciones visibles, lo perceptible de la fe. Y uno de esos signos que entran por los ojos es el de la unidad. A los primeros cristianos les buscaban porque veían cómo se amaban. El mundo de hoy, que depende tanto de la imagen, también se asombra ante los testimonios de paz, de unidad -no cabe duda-, ante la unión nuestra y la armonía entre nosotros.

Durante estos días de enero, todos los cristianos estamos orando, pidiendo por la unidad de los cristianos. El primero en pedirlo fue Cristo. Quería que su Iglesia fuese una para que el mundo crea (Jn 17,21), decía. Todos, efectivamente, podemos orar, pero con la fuerza de Dios debemos ser signos de unidad, porque esa armonía que se ve es signo de conversión del corazón. De la misma manera que las enemistades y rupturas están pidiendo penitencia a la vista. Nos gustaría que se cumpliese el deseo de Cristo y que no hubiese más que un solo rebaño y un solo Pastor. Pero debemos superar la autosuficiencia y muchas omisiones, y sentirnos responsables para llevar con nuestra vida la verdad que da sentido. Todos llevamos dentro de nosotros el germen de la división. Por eso es necesario crecer en caridad, tratarnos con comprensión, ser más humildes para unirnos en la práctica, aunque sepamos muy bien lo que nos separa a unos de otros.

Queramos ver a Jesús, pero dejemos que todos puedan ver a Jesús, haciéndonos promotores de una vida nueva, de relaciones humanas auténticas, de comunidades cristianas presididas por el Evangelio. A lo mejor lo que necesitamos es audacia, creatividad, firmeza para reconocer que debemos entrar en un proceso de conversión y salir así de una fe a veces muy débil, que limita nuestra capacidad de profecía. A lo mejor necesitamos mirar detenidamente esos desiertos del mundo secularizado que nos rodea, donde tantos hombres sedientos siguen teniendo la necesidad de un amor gratuito y de libertad, y buscan nuestro testimonio. A lo mejor nos dejamos purificar más por el amor de Dios, para abandonar las deformaciones de nuestra fe inmadura. O a lo mejor nos criba la tribulación y, estrechados en el amor de Cristo, nos hacemos uno con Él para que se pueda ver a Jesús.

Hermanos, oremos juntos, os lo pido, para que Dios nos conceda ese don ansiado por Cristo mismo, por el que oró en la Última Cena antes de su pasión: la querida unidad de todos los cristianos.

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