“Se necesita valor para conseguir la paz”

DC1A873A-C9D7-4540-BF73-8E8537C35D7F_cx0_cy9_cw0_mw1024_s_nPara conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez.

Como afirmaba Francisco ante los presidentes de Israel, Shimon Peres, y de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, en aquel encuentro sin precedentes en el Vaticano: “La historia nos enseña que nuestras fuerzas por sí solas no son suficientes. Más de una vez hemos estado cerca de la paz, pero el maligno, ha conseguido impedirla. Por eso estamos aquí, porque sabemos que necesitamos la ayuda de Dios. Hemos escuchado la llamada a romper la espiral del odio y la violencia; a doblegarla con una sola palabra: «hermano». Pero para decirla todos debemos levantar la mirada al cielo, y reconocernos hijos de un mismo Padre”.

Quiero, por fin, leeros e invitaros a hacer oración conmigo con la plegaria que el papa Francisco pronunció a su llegada de Tierra Santa el pasado 13 de julio:

“Señor, Dios de paz, escucha nuestra súplica. Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas… Pero nuestros esfuerzos han sido en vano.

Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: «¡Nunca más la guerra»; «con la guerra, todo queda destruido». Infúndenos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz.

Señor, Dios de Abraham y los Profetas, Dios amor que nos has creado y nos llamas a vivir como hermanos, danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino.

Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón. Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, para que finalmente triunfe la paz.

Y que sean desterradas del corazón de todo hombre estas palabras: división, odio, guerra. Señor, desarma la lengua y las manos, renueva los corazones y las mentes, para que la palabra que nos lleva al encuentro sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida se convierta en shalom, paz, salam. Amén”.

Son palabras preciosas las del Papa Francisco en esta oración. Si las hacemos nuestras, además de elevar al Señor nuestra súplica por la paz, nos haremos mejores, seremos portadores de paz en nuestro entorno, fraternos, benevolentes. También nosotros necesitamos esa valentía para sembrar nuestras relaciones de amor, de misericordia, de ternura y compasión.

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