No hay ecología medioambiental sin ecología humana

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“Estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es cierto, la persona humana hoy está en peligro ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología”. Lo afirmaba el papa Francisco en su catequesis del 5 de junio del año pasado y recientemente ha anunciado una encíclica sobre este tema. Nuestro tiempo está necesitado de sabiduría, un tipo de saber que abra la inteligencia a una verdad mayor que nosotros mismos que el hombre necesita para orientar su vida. La vida no se puede concebir como un mero dato biológico sino como una razón de vivir. El Papa emérito Benedicto XVI ha sido un gran testigo de esa sabiduría por su gran sensibilidad acerca de los asuntos humanos y su delicadeza al proponerlos como cuestiones sobre las que dialogar para que nuestro mundo sea en verdad más humano. Ahora el papa Francisco continúa y desarrolla esta importante labor magisterial.

Nuestras playas y pueblos buscados estos días por miles de turistas hacen de nuestra diócesis un lugar privilegiado para esta reflexión. Es importante comprender la esencia de la cuestión de lo que los papas han llamado “ecología humana”, es decir, aquella que tiene a la persona en el centro. El Papa Francisco ha hecho suyo el argumento secular acerca de la ecología reconociendo en él una novedad que debe ser objeto de especial atención. La raíz del problema es la aplicación abusiva de la premisa: “Saber es poder” que, mediante la técnica, se vuelca en un dominio despótico sobre la naturaleza volviéndose destructivo y hasta amenazante respecto del hombre. Esto es lo que ha motivado una fuerte reacción que retoma la idea de cuidado frente al mero dominio. El Papa Francisco ve en este cuidar un aspecto muy bello de la grandeza del hombre, llamado por Dios desde los orígenes a “cultivar y hacer crecer” a Su creación como un lugar de vida, un hogar (cf. Gn 1). Pero el papa se pregunta” ¿Qué quiere decir cultivar y custodiar la tierra? ¿Estamos verdaderamente cultivando y custodiando la creación? ¿O bien la estamos explotando y descuidando?” Y contesta: “Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos” (Ibidem).

En realidad la verdadera ecología humana es el amor. Qué importante cuidar este verano nuestras relaciones familiares, a nuestros amigos, y también, con esa característica tan propia de esta tierra acoger a todos los que vienen buscando descanso. El Señor cuenta con nosotros, disfrutemos de estos días con gratitud y, contemplando la belleza de la creación y de las personas, reconozcamos en estos regalos que somos amados por Dios, sintiéndonos comprometidos a ayudar a nuestros contemporáneos a descubrir la palabra amorosa de Dios que se esconde detrás de esa belleza.

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