El reposo no es un capricho, ni un lujo, sino una necesidad para reponer nuestras fuerzas y templar el espíritu, para “cargar las pilas”, como se suele decir. Cada vez es más necesario hacerlo, porque nuestra vida habitual está demasiado sometida a prisas que impiden pensar serenamente, distanciarse de los problemas, contemplar la marcha de la vida en su conjunto y hablar con Dios. Quedamos como aprisionados en este tejido de ocupaciones, de relaciones y de necesidades que constituyen el afán cotidiano. El engranaje de nuestra vida normal del trabajo y de las preocupaciones de cada día, muchas veces nos impiden ir al fondo de la realidad que vivimos. Las circunstancias actuales también nos pueden hacer estar en un estado de alerta continuo.

Es necesario, pues, dar descanso a nuestra capacidad física y sosiego a nuestro espíritu, sintiéndonos muy cercanos a quienes no tengan esta posibilidad. Es imprescindible también revitalizar las fuerzas espirituales para poder después trabajar por el Reino de Dios, por la familia, por los demás. Las vacaciones nos permiten mirar nuestra vida con mayor perspectiva, siendo un espacio de silencio, de silencio interior sobre todo, que nos ayude a hacer un discernimiento sereno sobre nosotros mismos.

Como dijo San Juan de la Cruz, “Dios da a quien se da”. La síntesis armoniosa de las muchas actividades que comporta la vida se consigue en unión con Dios, no descentrados por el activismo, siendo “contemplativos en la acción”. De este modo, anclados profundamente en el Señor, unidos a Él en la oración y la escucha de su Palabra, podremos servir a los hermanos en medio del mundo, ser hospitalarios y construir un mundo más justo y fraterno de acuerdo con los planes de Dios. Recuerda que en todo momento puedes ser testigo de Cristo Resucitado, como discípulo misionero suyo. Él acoge a todos para mantenernos unidos, a fin de convertirnos en una misma familia. En este tiempo de verano acojámonos al Señor y acojamos al Señor escuchando su Palabra y poniéndola por obra.

Con una mirada cristiana es posible vivir todo lo que sucede o lo que hacemos como un bien: “Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio” (Rm 8,28). Jesús nos enseña a vivir el equilibrio entre acción y contemplación. “Solo una cosa es necesaria” (Cf. Lc 10, 38-42): solo lo que es esencial –vivir unidos al Señor haciendo su voluntad— es lo que salvaguarda el corazón y ordena la actividad y los afectos. Debemos acoger siempre al Señor que pide nuestra hospitalidad, aunque realmente es Él quien nos acoge a nosotros cuando le escuchamos y le acogemos en el corazón.

Sigamos unidos en la oración pidiendo unos por otros. También yo me encomiendo a tus oraciones. Cuenta también con las mías. No olvides en estos días de verano vivir la caridad y estar cerca de los necesitados. A veces los tenemos muy cerca.

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