MENSAJE EN LA JORNADA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

En la solemnidad de la Ascensión del Señor el 29 de mayo de 2022 la Iglesia celebra la JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES. En la festividad de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el Vaticano publicó el Mensaje del Santo Padre para la esta jornada que se titula: «Escuchar con los oídos del corazón».  Este año el Papa ha denunciado que «estamos perdiendo la capacidad de escuchar a quien tenemos delante», y reflexiona  sobre la necesidad de escuchar, «decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico»

«La escucha está experimentando un nuevo e importante desarrollo en el campo comunicativo e informativo, a través de las diversas ofertas de podcast y chat audio, lo que confirma que escuchar sigue siendo esencial para la comunicación humana». «Se comunica de verdad cuando se escucha de corazón», pero “todos compartimos esa misión, de un modo o de otro, porque vivir en relación es vivir en comunicación y es verdad que, solo por estar juntos, ya se produce un caudal de comunicación importante”. Es tan importante hablar como escuchar: «no se comunica quien sólo escucha, ni comunica quien sólo habla. De hecho, se precisan mutuamente; para escuchar es preciso que alguien hable, que alguien transmita, pero para hablar con fundamento es preciso antes haber escuchado. Sólo así se produce el diálogo que vivifica la sociedad y la hace crecer» (Mensaje de los obispos para esta Jornada).

El Santo Padre pone de manifiesto que «todos tenemos oídos, pero muchas veces no se consigue escuchar a los demás.» Existe una sordera interior peor que la sordera física. “La escucha, en efecto, no tiene que ver solamente con el sentido del oído, sino con toda la persona”.  Es lamentable la falta de escucha, que experimentamos en la vida cotidiana, y es evidente también en la vida pública, en la que, a menudo, en lugar de oír al otro, lo que nos gusta es escucharnos a nosotros mismos. En ese caso más que la verdad y el bien, se busca a la audiencia. La buena comunicación, en cambio, no trata de impresionar al público con un comentario ingenioso dirigido a ridiculizar al interlocutor, sino que presta atención a las razones del otro y trata de hacer que se comprenda la complejidad de la realidad.

Hay que agradecer la escucha de aquellos comunicadores que, en el ejercicio de la profesión, también escuchan con el corazón, aquellos que ofrecen un periodismo sin prejuicios que escucha con sinceridad la verdad, que se asoma a la vida cotidiana de las personas, que escucha la voz de la justicia que se hace presente en tantos acontecimientos y que, a través de ellos, es ofrecida y conocida.

La propuesta de la Iglesia es, más que nunca, una escucha con el corazón que cuando habla no insulta, no calumnia, no engaña, no manipula, no viene a imponer ni a traicionar, sino que viene a aportar su grano de arena en la construcción del bien común. Es algo que nos implica a todos. Practiquemos el apostolado del oído, la capacidad de escuchar al otro para curar las heridas del alma que siempre cuenta con el deseo ilimitado de ser escuchado. Quien no sabe escuchar al hermano, pronto será incapaz de escuchar a Dios.

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