Evangelio del día

Martes, Semana XXX del Tiempo Ordinario, 27 de octubre 2020

Lc 13, 18-21

18 Decía, pues: «¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé? 19 Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas». 20 Y dijo de nuevo: «¿A qué compararé el reino de Dios? 21 Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».

DEL OBISPO:

El evangelio nos propone dos parábolas del Reino de los cielos que nos llenan de entusiasmo y completan nuestra visión sobre la misión: El grano de mostaza y la levadura. Unidas íntimamente a la parábola del trigo y la cizaña, ponen de relieve el contraste entre la pequeñez de la semilla de mostaza y la grandeza del árbol que alberga a las aves; así como la distancia entre la cantidad de la masa y lo exiguo de la levadura: una pequeña cantidad basta para fermentar toda la masa. Todo aquello que se hace por Dios nace en lo pequeño, en lo sencillo, para que se manifieste que es Dios, no el hombre, quien da fecundidad y buen éxito a la tarea evangelizadora. La cizaña no hará fracasar de ningún modo el fruto total de la cosecha. ¡Hay que seguir sembrando! ¡Hay que mirar al futuro sin entretenerse perdiendo el tiempo para complacerse en el pasado, menos aún en las viejas glorias! ¡La noche está pasando y el día está por llegar! Dios hace nuevas todas las cosas puesto que es bueno, clemente, misericordioso (cf. Sal 85).

San Juan Crisóstomo, Homilías sobre el Evangelio de San Mateo

El Señor propone la parábola de la levadura. “Lo mismo que la levadura comunica su fuerza invisible a toda la masa, también la fuerza del Evangelio transformará el mundo entero gracias al ministerio de mis apóstoles…” No me digas: “¿Qué podemos hacer, nosotros doce miserables pecadores, frente al mundo entero?” Precisamente ésta es la enorme diferencia entre causa y efecto, la victoria de un puñado de hombres frente a la multitud, que demostrará el esplendor de vuestro poder. ¿No es enterrando la levadura en la masa, ‘escondiéndola’, lo que según el Evangelio, transforma toda la masa? Así, también vosotros, apóstoles míos, mezclándoos con la masa de los pueblos, es como la penetraréis de vuestro espíritu y como triunfaréis sobre vuestros adversarios.

La levadura, desapareciendo en la masa, no pierde su fuerza; al contrario, cambia la naturaleza de toda la masa. De la misma manera, vuestra predicación cambiará a todos los pueblos. Por tanto, confiad «… Es Cristo el que da fuerza a esta levadura…» No le reprochéis, pues, el reducido número de sus discípulos: es la fuerza del mensaje lo que es grande… Basta una chispa para convertir en un incendio algunos pedazos de bosque seco, que rápidamente inflamarán a su alrededor todo el bosque verde.

TE INTERESA

MI CARTA PASTORAL A LOS JÓVENES: BEATO CARLO ACUTIS

Todo bautizado es un ungido para la misión