El mundo entero está consternado por la guerra que tiene lugar en Ucrania. La seguimos paso a paso. Desde que comenzó, Francisco ha realizado varios llamamientos para que se detenga. Durante estas semanas el Papa ha condenado continuamente la guerra. El pasado domingo, tras el rezo del Ángelus, exigió que se detenga «la masacre» perpetrada en Ucrania tras la invasión de Rusia, lo que consideró «una inaceptable agresión armada«. «Ante la barbarie del asesinato de niños, de inocentes y civiles indefensos, no hay razones estratégicas que valgan. Solo se debe cesar la inaceptable agresión armada antes de que reduzcan las ciudades a cementerios«.

La guerra es siempre terrible y mortífera y pone de manifiesto la profunda crisis de sentido que vive la sociedad. Cada día contemplamos la devastación de los bombardeos, los muertos, los refugiados. Recientemente, los obispos católicos de Ucrania han pedido al Santo Padre que consagre públicamente a ambos países al Inmaculado Corazón de María, como lo pidió la Virgen de Fátima en sus apariciones en 1917. De aquí que el Papa Francisco consagrará Rusia y Ucrania a la Virgen María el próximo 25 de marzo, para evitar una catástrofe mayor, un gesto que evoca una de las peticiones de la Virgen de Fátima a los pastorcillos, en 1917. «Si se escuchan mis peticiones, Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia», contaron los niños que les había dicho la Virgen en una aparición. El Papa, durante la Celebración de la Penitencia que presidirá a las 5 de la tarde en la basílica de San Pedro, consagrará Rusia y Ucrania al Corazón Inmaculado de María. El mismo acto, ese mismo día, será realizado en Fátima por el cardenal Krajewski, como enviado del Santo Padre.

Desde que Pío XI en 1930 recibió el mensaje de Fátima y los “tres secretos” se dieron a conocer poco a poco, los pontífices han secundado su petición. Años más tarde, Pío XII consagró el mundo y Rusia a la Virgen María, y diez años más tarde, en 1942. San Juan Pablo II, siguiendo las instrucciones de Sor Lucía, renovó la consagración en la plaza de San Pedro el 25 de marzo de 1984 ante una imagen de la Virgen de Fátima. «Del hambre y de la guerra, libéranos. De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable, de todo género de guerra, libéranos». Ahora Francisco será mucho más directo el día 25, pues consagrará al Inmaculado Corazón de María explícitamente tanto Rusia como Ucrania.

El Papa Francisco pronunció este miércoles, al final de la Audiencia General, una desgarradora oración para pedir la paz por la guerra en Ucrania, tras la invasión rusa, que comenzó con “Perdónanos la guerra, Señor”.  “En Ucrania corren ríos de sangre y de lágrimas”. No se trata solo de una operación militar, sino de guerra, que siembra muerte, destrucción y miseria. El número de víctimas aumenta, al igual que las personas que huyen, especialmente las madres y los niños. En ese país atormentado crece dramáticamente a cada hora la necesidad de ayuda humanitaria. Son muchas las colaboraciones que se están dando con Ucrania a través de nuestra Cáritas diocesana, y han surgido todo tipo de ayudas de multitud de instituciones privadas y una gran ola de solidaridad.  

Oremos todos al Príncipe de la Paz. Para el cristiano proclamar la paz es anunciar a Cristo que es «nuestra paz» (Ef 2,14) y anunciar su Evangelio que es «el Evangelio de la paz» (Ef 6,15), exhortando a todos a la bienaventuranza de ser «constructores de la paz» (cf. Mt 5,9). Unámonos ahora en la oración junto al Papa el día 25. Es muy valioso este acto colectivo de consagración al Inmaculado Corazón de María. En España, el 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación, se celebra la Jornada por la Vida, con el lema «Acoger y cuidar la vida, don de Dios». 

Vivamos estos días de Cuaresma ofreciendo nuestra plegaria y las celebraciones comunitarias con la insistente petición al Señor para que llegue el entendimiento. Que la negociación supla la violencia de las armas y cese la guerra y los ataques armados. Que reine finalmente la paz. La paz es posible. La paz es necesaria. Que la Virgen de Fátima “vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos” e interceda ante el Señor para que cese toda guerra, todo tipo de violencia. Que Él ayude a todo hombre de buena voluntad a ser artesano de la paz procurando que en todo venza el amor.

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