Seguimos orando por Ucrania y la paz en el mundo, pues la guerra siempre es un escándalo y nos ha de escandalizar. Colaboremos en todo lo que podamos y más. ¿No nos parece que deberíamos estar escarmentados de tanta guerra? Nos preguntamos, ¿cómo puede haber personas que provoquen estas guerras, a las que no les importe el sufrimiento de los inocentes? Aunque mientras, si somos un poco realistas, podemos darnos cuenta de que mantenemos nuestras propias guerras, a veces dentro de nuestra propia casa, con amigos, vecinos, familiares, entre hermanos…

Urge que ampliemos nuestra mirada y tomemos conciencia de nuestro pecado, pues el pecado, que se manifiesta además en otros comportamientos, lo llevamos nosotros encima. Por eso, orar por la paz es también ofrecer la propia conversión para que el mundo sea mejor, para salir de nuestras guerras, para librarnos de nuestros pecados.

Se trata de la purificación del corazón con la ayuda del examen de conciencia, el combate espiritual y la lucha contra el pecado. La persona renace en el encuentro con Cristo muerto y resucitado si rechaza en si al “hombre viejo” y emprende seriamente la búsqueda de la santidad. El pecado siempre rompe la comunión y la fraternidad –con Dios y con el prójimo— y nos encierra en nosotros mismos. Dado que la Cuaresma es un camino sacramental hemos de acudir al sacramento de la penitencia que otorga todo su valor a las prácticas penitenciales -oración, ayuno y limosna-y nos asienta en la gracia de Dios, nos auxilia y fortalece para participar del misterio de la salvación. Cristo, lleno de misericordia, nos reconcilia y alienta diciendo: «quiero que vivas, quiero que tu vida sea feliz, que tu vida sea vida, para ti y para los otros«.

En nuestra oración, tenemos especialmente presentes a estas personas que sufren, que piden nuestra ayuda, también, como no, material. E intercedamos ante Dios Todopoderoso para nos libre del mal, por esa libertad que no controlamos, siendo frecuentemente esclavos de nosotros mismos, de nuestros pecados y de nuestras pasiones. Que el Señor nos conceda a todos un amor muy grande para seguirle y para encontrar en esta Cuaresma la alegría de una amistad verdadera con Él, de una verdadera conversión a Dios y a los hermanos.

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