MI HOMILÍA EN LA MISA CRISMAL

La Misa Crismal nos invita a contemplar a Jesús, el Ungido por el Espíritu Santo, Nuestro Sumo Sacerdote y nos da un motivo de esperanza: ser cristianos significa haber sido ungidos, para ser configurados con Cristo. En virtud del bautismo hemos sido hechos sacerdotes, capacitados por la unción con el Espíritu para hacer de nuestra vida, de lo que hacemos y padecemos, una ofrenda agradable al Señor. (…).

La bendición de los óleos y la consagración del crisma nos hacen ver que todos los bautizados somos ungidos, otros cristos. Con el crisma consagrado son ungidos los nuevos bautizados y son signados los que reciben la confirmación. Con el óleo de los catecúmenos se preparan y disponen para el bautismo los mismos catecúmenos. Con el óleo de los enfermos, estos son aliviados en sus enfermedades. Encomendemos hoy a nuestros catecúmenos y a los catequistas, a todos los fieles fortalecidos por los sacramentos para vivir su misión en el mundo con la fuerza de la gracia. También a los enfermos, a cuantos sufren la pandemia, a los que colaboran con la pastoral de enfermos, y a todos los que sufren de cualquier modo, porque esperan la salvación de Dios.

La renovación de las promesas sacerdotales es otro de los signos característicos de esta Misa Crismal. A los sacerdotes Jesucristo, por la acción de su Espíritu y el crisma que nos ungió en la ordenación sacerdotal, nos ha hecho partícipes de manera efectiva de su condición de Sacerdote, de Profeta y Señor. Somos profetas como Él llamados a anunciar con obras y palabras la persona, el mensaje, el proyecto renovador y salvador del Señor, sin olvidar nunca que somos sacerdotes en Él, con El y por El. En consecuencia, nuestra vida sacerdotal ha de ser, como la suya, una ofrenda de amor agradecido de toda nuestra existencia a Dios Padre y de amor servicial a los hermanos. Hoy tenemos especialmente presentes a los sacerdotes ancianos, que han hecho de su vida una ofrenda al servicio del Señor, y también a los fallecidos este año, con nuestra mayor gratitud. Gastemos también nosotros nuestra vida al servicio del evangelio, sirviendo a los pobres, dándonos a los demás. (…)

Queridos fieles bautizados, queridos sacerdotes: El Jueves Santo celebraremos el día del amor fraterno. Recordemos que es el mismo Cristo quien queda por amor en la eucaristía, pero también es el que me espera en mi prójimo, especialmente en el más necesitado. Que por la fuerza de la caridad y de la unción espiritual que hemos recibido seamos en el mundo buen olor de Cristo. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. AMEN.

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