Comenzamos esta semana el OCTAVARIO DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS. Recemos siempre por la unidad de los cristianos, especialmente esta semana. Esta cita espiritual que une a los cristianos de todas las tradiciones nos hace más conscientes del hecho de que la unidad hacia la que tendemos no podrá ser sólo resultado de nuestros esfuerzos, sino que será más bien un don recibido de lo alto, que siempre es preciso pedir. Como cristianos de diferentes Iglesias y tradiciones tenemos que lamentar que a lo largo de los siglos hemos ido acumulando desconfianza mutua, amargura y recelo. Damos gracias a Dios por el nacimiento y el crecimiento del movimiento ecuménico en el siglo pasado. Nuestros encuentros con cristianos de otras tradiciones y nuestra oración común por la unidad nos animan a buscar el perdón mutuo, la reconciliación y la aceptación. No debemos permitir que la carga de nuestro pasado nos impida acercarnos unos a otros. ¡Es voluntad de Dios superar el pasado para dejar que Dios actúe!

Cristo es nuestra luz y nuestro guía y, si nos falta Cristo, nos desorientamos. Cuando los cristianos pierden de vista a Cristo, se vuelven miedosos y se separan unos de otros. Muchas personas de buena voluntad que están fuera de la Iglesia no son capaces de ver la luz de Cristo, ya que a causa de nuestras divisiones los cristianos reflejamos la luz de Cristo con menos claridad y, a veces, incluso la ocultamos. Sin embargo, a la luz de Cristo nos vamos uniendo más unos a otros y reflejamos mejor esta luz, hasta llegar a ser signo de Cristo. Sólo Él puede salvarnos de las consecuencias negativas de nuestras divisiones. 

La tarea ecuménica es una responsabilidad de toda la Iglesia y de todos los bautizados, que deben hacer crecer la comunión parcial ya existente entre los cristianos hasta la comunión plena en la verdad y en la caridad. Os invito a implorar de Dios el don de la unidad de los cristianos, para que crezca el testimonio común y la colaboración, y podamos un día profesar todos juntos la fe transmitida por los Apóstoles, y celebrar los sacramentos de nuestra transformación en Cristo.

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