Cuatro nuevos sacerdotes se ordenan en nuestra Diócesis: ¡qué gran regalo! Es una oportunidad para dar gracias a Dios por nuestros sacerdotes. Cada sacerdote “encarna la presencia de Cristo, testimoniando su presencia salvífica” (Cf. Benedicto XVI, Carta de Proclamación del Año sacerdotal“). Hace presente en medio del mundo a Jesús, el Buen Pastor que ha dado su vida por nosotros. Quieren dar la vida cada día, como Jesús, para llegar al corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo: a los dolores, a las heridas, y a las pobrezas espirituales y materiales. Entregan a Jesús mismo, verdadero alimento, en la Eucaristía, y su perdón en el sacramento de la penitencia, convirtiéndose así en rostros eminentes de la misericordia de Dios para con todos. El sacerdote es introducido de modo singular en el misterio de Cristo, con una unión íntima con Él, para prolongar su misión como salvador del mundo.

Tenemos también, por tanto, el deber de rezar por ellos y cuidar su vocación. Como ha dicho el Papa Francisco: “el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas” (Papa Francisco, Homilía en la Misa Crismal, 17 de abril 2014). Cada sacerdote es un regalo de Dios que hay que respetar y cuidar.

Por último, recemos porque cada vez más jóvenes respondan a la llamada del Señor a ser sacerdotes de Jesucristo, Buen Pastor. Por las vocaciones sacerdotales. Seamos santos para ser modelos coherentes que impulsen a la entrega. Mostrémosles la maravilla del ministerio. Que no tengan miedo frente a la llamada de Dios, que es amor; un amor que llena profundamente el corazón.

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