Que oportuno recordar las palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28). Nadie se libra en nuestra sociedad, antes o después, del “agobio” de la vida. El “cansancio” que, como estamos viendo, puede ser de muchas clases y que no se repara por descansar en casa o tener más vacaciones. Hay un agotamiento que es abatimiento, desesperanza, dolor o soledad. Precisamente la soledad es hoy otra epidemia por el número desmesurado de personas viven solas –muchos con problemas de movilidad— a los que hay que añadir los ingresados en hospitales, o con cualquier enfermedad. Ciertamente ahora somos más sensibles para reconocerlos.

El dolor es un lugar de aprendizaje, uno de esos puntos en los que el hombre está en cierto modo “destinado” a superarse a sí mismo, y de una manera misteriosa está llamado a hacerlo (Salvifici Doloris, 2) pues no puede evitar el mal, físico o moral. Ya el miedo a sufrir es sufrimiento. La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre, pero la sociedad difícilmente aceptará a los que sufren si cada uno no somos capaces de hacerlo. Es decir, para aceptar el sufrimiento del otro hemos de encontrar personalmente un sentido en el propio sufrimiento, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza (Spe Salvi, 38).

El cristiano sabe que puede descubrir sentido al sufrimiento participando en el misterio de la cruz de Jesucristo.Aunque a nivel puramente humano le cueste entender, sabe que no le cura la huida del dolor, y comprueba que cuando lo vive unido a Cristo encuentra la paz y la alegría espiritual (cf. SD 26).El hombre que sufre con amor y con abandono a la voluntad divina, unido misteriosamente a Cristo, se transforma en ofrenda viva para la salvación del mundo. Por eso dice San Pablo: “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia” (Col 1,24). Jesucristo redimió al mundo con su sufrimiento, con su muerte y resurrección y suscita en sus discípulos una nueva actitud y una solicitud amorosa en favor de los que sufren y los enfermos, en los que la comunidad cristiana reconoce el rostro de su Señor.

Mi Mensaje Semanal de Cope. Pascua del Enfermo

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