MI COPE DEL 8 Y 10 DE MAYO. San Juan de Ávila, cuya fiesta celebramos esta semana, es Doctor de la Iglesia y Patrón del Clero Español, un referente indispensable de los sacerdotes de Andalucía, donde ejerció la mayor parte de su ministerio. Es una oportunidad para valorar el servicio de los sacerdotes y recordar la grandeza de la vocación sacerdotal.

No es pequeña la misión de quien ha sido llamado por Dios al ministerio sacerdotal ni la confianza que el Señor pone en cada uno. Los sacerdotes atienden al Pueblo de Dios donde quiera que esté, muy cercanamente a través de las parroquias, haciendo comunidad, familia de cristianos. Su triple misión de enseñar, santificar y dirigir se diversifica en variadas responsabilidades en la evangelización y catequesis, en el consuelo de los afligidos y el consejo de discernimiento, en promover y realizar la caridad que llega hasta los más necesitados y alejados sin discriminación alguna, en la acogida de los fieles y la llamada a los alejados. Sin duda cada uno recuerda aquel sacerdote que encontró en algún trance de la vida, de la enfermedad o la muerte, y que con la Palabra de Dios o la gracia de los sacramentos le ofreció un auxilio divino.

El ejemplo de San Juan de Ávila nos alienta y recuerda las sendas de la fidelidad. El Maestro Ávila dejó impresa en sus discípulos la ilusión por la vocación sacerdotal, el amor al sacerdocio y la vida eucarística. Su única pasión fue dar a conocer a Aquel cuyo amor llenaba su corazón. Es alguien que conoce a Jesús, conversa con Él, le ama, ha madurado su encuentro en la oración constante, ha compartido su vida, trabajo y sufrimiento con el amigo que lo llena todo, lo sabe todo, lo ordena todo en su alma y en su actividad. Vive como enamorado del atractivo constante del Señor, y así lo transmite aconsejando, predicando, fundando colegios, formando a los demás. Siguiendo los pasos de los apóstoles fue llamado el “arca del Testamento” de la palabra de Dios, pues la sabe de memoria, la medita, la repite; transforma su modo de pensar, de sentir, de desear, de aconsejar, de predicar. Vive la oración inspirada en el Espíritu Santo, con actitud filial, “en secreta y amigable habla” con la persona que ama.

El apóstol de Andalucía vive el secreto de la eucaristía donde el Señor sigue presente abriendo el horno de su corazón para inflamar su afecto en deseo de entrega, en caridad servicial, en desprendimiento, en deseos sacerdotales de salvación para todo el mundo. Fue el gran apóstol de la comunión frecuente. Su virtud principal fue la caridad. En compañía del Maestro se convierte en el “Maestro Ávila”, como le llaman, pues no quiere más ciencia que el amor de Dios para transmitir su saber.

¿Cómo anunciar mejor el evangelio hoy? –nos preguntamos los sacerdotes, pero también los laicos y consagrados—.Él nos diría que sirviendo a Cristo con olvido de uno mismo, con capacidad de renuncia, que es siempre la condición de la auténtica grandeza, del amor verdadero que tiene que ver con la abnegación, la libertad interior, la pureza de corazón y con el reconocimiento del otro, con la justicia y el amor. El gran Apóstol de Andalucía, sacerdote entusiasmado y convencido de su vocación y misión, de la fuerza de haber sido investido por Dios, valora y vive la vocación sacerdotal, “por Cristo, con Él y en Él”. Se ofrece, se entrega, pero ora y llora suplicando la gracia.

Pongamos también nosotros nuestra mirada en el Señor Jesús, nuestro Pastor Bueno que custodia a su Iglesia, agradeciéndole el don de la vocación sacerdotal y la presencia de nuestros sacerdotes que nos cuidan en su nombre. Que no falte nuestro apoyo y comprensión a los sacerdotes en las dificultades, no privemos de nuestra colaboración y testimonio a la comunidad. Roguemos más y más al “dueño de la miesque envíe sacerdotes a su mies, que seduzca a muchos con su llamada para que encuentren el gozo de entregarse a Él como lo más valioso de la vida. Y que se sirva de nosotros como amigos suyos que somos, como voceros y mensajeros, para que colaboremos en el anuncio del evangelio que llena la sociedad de nueva vida, y no dejemos de invitar a todos –especialmente a los jóvenes— al seguimiento de Cristo más generoso, feliz y cautivador. San Juan de Ávila nos acompaña e intercede por nosotros.

Muchas gracias, amigos. Interceder por los demás es una de las misiones de los sacerdotes. Yo lo hago siempre por vosotros. Orad por mi.

@EvangelioDelDia

«En medio de esta gran tempestad los sacerdotes nos hemos agarrado al fundamento de nuestra misión, a Cristo»

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