El Papa Francisco ha dirigido a todos los fieles este sábado 25 de abril una carta con motivo del mes de mayo. En este mes especialmente dedicado a la Virgen María nos invita a rezar el Rosario en casa, en familia, durante la actual pandemia de coronavirus. Contemplar juntos el rostro de Cristo con el corazón de María, nuestra Madre, nos unirá todavía más como familia espiritual y nos ayudará a superar esta prueba.

Nos recuerda el Papa que estamos ya rezando juntos en casa más que antes, por lo que podríamos redescubrir fácilmente la belleza de rezar el rosario en familia. Es muy sencillo y se puede facilitar aún más con la ayuda de algún esquema que nos recuerde su estructura y las letanías, por ejemplo. El mismo Papa nos ofrece dos oraciones para rezar al final.

El Rosario es un tesoro, un arma eficaz desde los tiempos medievales de Santo Domingo de Guzmán, cuando los dominicos empezaron a popularizar su rezo.

Esta oración nos ha unido a los cristianos más fervientemente desde que la Virgen María en persona, en sus apariciones de Fátima y de Lourdes nos ha invitado a hacerlo por la salvación del mundo. ¡Cuantas veces lo hemos rezado pidiendo por la paz, frente a los atentados terroristas, o bajo los duros ataques a la familia, o en enfermedades y conflictos bélicos! El Santo Rosario nos ha hecho intercesores, amigos de María y de Jesús, luchadores del bien, obedientes a la voluntad de Dios.

Es impresionante ver a los jóvenes rezarlo en las Jornadas Mundiales de la Juventud o en particular. En su sencillez y profundidad sigue siendo una oración de gran significado destinada a producir frutos de santidad. Repetir el Ave María permite profundizar en los misterios de Cristo con los sentimientos de la Virgen, la primera discípula, con su actitud contemplativa. Es un compendio del Evangelio. Después de recordar la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios gozosos), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios dolorosos) y el triunfo de la resurrección (misterios gloriosos), la meditación se centra también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios luminosos). “Desde la concepción hasta la resurrección y ascensión al Cielo de Jesús, la Madre ha mantenido la mirada de su corazón inmaculado fija en el Hijo divino: mirada sorprendida, mirada penetrante, mirada dolorida, mirada radiante. Cada uno de los cristianos y la comunidad eclesial hace precisamente propia esta mirada mariana llena de fe y de amor al recitar el Rosario”.(Cf. San Juan Pablo II, Carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae, 10).

El Rosario no aleja de la realidad sino que ayuda a vivir en ella unidos interiormente a Cristo, dando testimonio del amor de Dios. Esta sencilla oración –como decía San Juan Pablo II— “es una escalera para subir al cielo” (21 octubre 1979). Con su ritmo tranquilo favorece en quien ora la escucha y la paz. Pues bien, oremos juntos el rosario en familia como testigos de Cristo, pidiendo especialmente a nuestra Madre Santísima que nos libre de la epidemia, por los enfermos afectados por ella, por los difuntos, y que, en su escuela, aprendamos a vivir.

Quiero pediros también que recemos el Rosario por las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, pues este domingo –el IV de Pascua, domingo del Buen Pastor— los cristianos vuelven a estar llamados a rezar por todas las vocaciones de especial consagración en el mundo, para que el Señor siga llamando, y los jóvenes puedan decir sí a la llamada. En estos días estamos viendo el gran papel que los sacerdotes, religiosos y consagrados están haciendo en esta situación extraordinaria de pandemia. La importancia de su presencia se ha visto subrayada en tantos testimonios de entrega y acompañamiento en nuestro país y en el mundo entero. Por ello, se ve la necesidad de rezar para que muchos jóvenes puedan seguir su ejemplo, y escuchar la voz de Dios.

Todos los cristianos estamos llamados a seguir a Cristo, pero quiere el Señor llamar a algunos para seguirle de una forma particular a través de una consagración especial: como sacerdotes diocesanos, religiosos y religiosas de vida activa y contemplativa; y consagrados y consagradas de institutos seculares. Este domingo, la Iglesia invita a rezar por ellos, y por tantos jóvenes que están sintiendo la llamada vocacional en cualquiera de estas formas.

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