La Virgen María es nuestra Madre, la más poderosa intercesora, precisamente porque es la Madre Dolorosa. Su “sí” en la Anunciación se mantuvo firme en la precariedad material, en la incertidumbre, cuando no entendía y guardaba las cosas en su Inmaculado Corazón, traspasado en la Pasión de su Hijo, firme al pie de la Cruz y glorificada en cuerpo y alma. Recorre, como madre y discípula, el camino de Jesucristo, hasta participar en su Gloria. Así en el Cielo puede ser la Madre que intercede por nosotros, nos entiende y acompaña: “Auxilio de los cristianos”, “Refugio de los pecadores”, “Consoladora de los afligidos”, “Salud de los enfermos”. También es la “Puerta del Cielo siempre abierta”, “mediadora de todas las gracias”, de la gloria de su Hijo. Su intercesión es portadora del Amor Redentor de Dios hacia cada uno de sus nosotros. En nuestras cruces ella se hace presente para sostenernos y llevarnos al Señor. Ningún sufrimiento humano es ajeno a su maternal corazón. No tengamos reparo en acudir a ella con confianza de hijos y poner en sus manos los dolores del mundo. Le pedimos que vivamos éste y todo tiempo en la fe, la esperanza y el amor.

ORACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA VIRGEN

“Oh María,

Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la Cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de tu pueblo, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sobre sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.

Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!” (Papa Francisco)

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