
Al oscurecerse la conciencia de Dios se oscurece el hombre -su suprema dignidad por ser criatura a su imagen y semejanza- y el mundo -obra del amor de Dios Creador-. Todo se convierte en instrumento para el interés, el poder, el placer, el consumo; y lo que no sirve para esto, se convierte en material desechable, en basura, también las personas: los niños, los ancianos, los migrantes, los pobres… Lo irracional de esto es que el hombre acaba haciéndose daño a sí mismo. Os dejo mi mensaje para la Jornada de Manos Unidas que celebramos este Domingo. Su lema, «Quien más sufre el maltrato del planeta no eres tú», es persuasivo y llama a la solidaridad, a salir de la ceguera en generosidad con los demás, sobre todo con los hambrientos y todos aquellos que se ven obligados a abandonar su tierra por el drama de la inmigración.
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“Si no cuidamos el planeta estamos llevando a la pobreza extrema a muchas personas”