San Servando y San Germán: “sirvieron al Imperio con fidelidad, y fueron mejores soldados de Cristo.”

Hoy celebramos a los santos patronos de la diócesis, San Servando y San Germán, Mártires, que nos recuerdan, como pasa con todos los mártires, la vida testimonial, entregada al Señor.

Ya sabéis que estos mártires, según parece, eran naturales de Mérida, dos de los doce hijos de San Marcelo y Santa Nonia, también santos, como el resto de sus hijos. San Marcelo sufrió el martirio en Tánger. Nonia nunca llegó a sufrir el martirio, pero casi se le aplica por asociación, pues vio morir a toda su familia. San Servando y San Germán fueron militares romanos por un tiempo. Esto engrandece sus figuras. Sirvieron al Imperio con fidelidad, y fueron mejores soldados de Cristo. Delatados bajo el gobierno imperial de Adriano, perseguidos, llegaron a dar su vida en la persecución de Diocleciano. En Mérida había un Gobernador, Pilatos, especialmente cruel con los cristianos, que intentó que apostataran de su fe. Hizo que le acompañaran en crueles condiciones a través de su campaña desde Mérida hasta el norte de África donde debía de suceder el martirio. Viendo su fortaleza, antes de cruzar el estrecho, decidió degollarlos en San Fernando, en lo que conocemos como el Cerro de los Mártires. Los otros hermanos, tres fueron martirizados y enterrados en León, donde se encuentran sus sepulturas, dos más en Calahorra y otros dos en Córdoba.

Los mártires nos hablan siempre de la incomodidad del martirio. El martirio nos hace sospechosos hoy de intolerancia, en su significado de dar la vida en medio del mundo por fidelidad a Cristo y a la verdad. Si bien se piensa son un estorbo, pues se habla de una verdad absoluta que está incluso por encima del valor de la vida, por la que incluso vale la pena morir y vivir. San Juan dice en su Evangelio: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. Conocer la verdad de Dios es librarnos del utilitarismo, reconocer que nuestra existencia no es un juego, que tiene un valor eterno, pero esto es ya una ofensa, pues en un mundo relativista, la vida, en el fondo, no vale nada, los principios verdaderos no existen, todo es subjetivo.

Sin embargo, lo cierto es que de la posición del hombre frente a Cristo depende su eternidad. El martirio nace de la fidelidad. Este ha sido el lema de muchos santos, no mártires precisamente. San Benito, por ejemplo, tenía como lema el de “no anteponer nada a Cristo”.

Los cristianos perseguidos y martirizados siguen siendo testigos de esa verdad que nos salva, pero que exige la conversión, por eso predicamos una verdad incomoda. Debemos recordar esas palabras de Jesús: “quien se avergüence de mi y de mis palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria del Padre”.

Jesús nos recordaba que “si el grano de trigo no cae en tierra y muere quedará sin fruto, pero si muere, dará mucho fruto”. Hermanos, éste es el postulado esencial del Evangelio. La vida, toda la vida, la Vida del Espíritu, tiene su fuente en Dios. Cristo viene a darnos la Vida que brota precisamente de la Cruz, de la donación de sí mismo, y que requiere siempre en nosotros empeño, ascesis, muchas veces sufrimiento, y no pocas sacrificio, incluso hasta el heroísmo supremo.

Te interesa:

Triduo y celebración de Los Santos Patronos, Servando y Germán

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s