Pentecostés: “somos misión”

-Mañana a las 19:00 repetimos Confirmaciones en la Catedral de Cádiz en la Víspera de Pentecostés-
-MI ALOCUCIÓN EN COPE POR LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS- 9 DE JUNIO DE 2019-

Pentecostés es la Pascua del Espíritu, “aliento” de Dios que pone en movimiento la fe y la vida de los que creen. El mundo y la Iglesia están necesitados de un nuevo Pentecostés, una nueva invasión de la fuerza creadora de Dios. El Espíritu Santo que recibieron los apóstoles de la Iglesia naciente, es el mismo Espíritu que un día recibimos en nuestro bautismo, y el mismo que hoy Jesús Resucitado sigue derramando sobre cada uno de nosotros, para animar nuestro caminar creyente y renovar nuestro compromiso cristiano.

El 9 de junio, solemnidad de Pentecostés, es una de las más importantes en el calendario de la Iglesia, puesto que actualizamos el cumplimiento de la promesa de Cristo a los apóstoles de que el Padre enviaría al Espíritu Santo para guiarlos en la misión evangelizadora. Se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema, “Somos misión“. Cada fiel laico, animado por la fuerza del Espíritu Santo, está llamado a descubrir, en medio del Pueblo de Dios, que es una misión.

La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar, no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo (EG, n. 273).

La invitación del papa a sentirnos «misión en esta tierra», siguiendo la línea marcada por el Concilio Vaticano II (LG, n. 31), tiene su fundamento en nuestro bautismo. No es un apéndice o adorno, sino que es nuestra vocación. La motivación principal para realizar la misión evangelizadora se halla en el encuentro personal con el amor de Jesús. “El verdadero misionero, que nunca deja de ser discípulo, sabe que Jesús camina con él, habla con él, respira con él, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (EG, n. 266).

Amigos cristianos seglares: Como laicos estáis llamados a ser discípulos misioneros de Cristo en la Iglesia y en el mundo, «bautizados y enviados». Los laicos sois Iglesia. Por el bautismo, os incorporáis a Cristo, participando de su triple función, y a su Cuerpo, la Iglesia. Es necesario que todos nos sintamos partícipes y corresponsables en la misión de la Iglesia. Que aprendamos a trabajar no por acciones aisladas, sino por proyectos, que son los que nos ayudan a ir creciendo en búsqueda de objetivos y logros comunes.

El papa Francisco, cuando habla de la Iglesia en salida, subraya que se necesita un laicado en salida, que se arriesgue, que se ensucie las manos, que no tenga miedo a equivocarse y que mire siempre hacia adelante, hacia el futuro con alegría y esperanza.  En un momento histórico donde avanza a pasos agigantados el fenómeno de la secularización, la apatía y la indiferencia religiosa, estáis llamados a vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas (niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos) y a todos los ambientes (familia, trabajo, educación, compromiso socio-caritativo, ocio y tiempo libre…). Se trata, en definitiva, de que entendamos toda nuestra vida, que está animada por el Espíritu Santo y cuya meta es la santidad, como una misión. «Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia un aspecto del Evangelio» (GE, n. 19).

Como sabéis, nos estamos preparando para celebrar un Congreso de Laicos, en febrero de 2020, en Madrid, que lleva por lema «Pueblo de Dios en salida». Ya hemos empezado a prepararlo en la diócesis. Pretende escuchar al laicado y reflexionar sobre la dimensión misionera de nuestra fe cristiana, tomando como pilares fundamentales la vocación, la comunión y la misión y revitalizar este laicado comprometido y evangelizador para llevar más eficazmente el Evangelio de Jesucristo a todos los rincones de nuestro mundo.

Orando y actuando queremos salir a los caminos de la vida –-como han salido las hermandades del Rocío de nuestra diócesis que desde la Aldea esperan que se derrame el Rocío del Espíritu Santo junto a María, oyente de la Palabra, creyente cualificada, protagonista humilde, la llena de gracia, “mujer fecundada por el Espíritu”, testigo de la acción liberadora de Dios— y disponernos para que el Espíritu continúe alentando la tarea misionera de la Iglesia. Que su fuego encienda nuestro corazón. Que con su aliento nos impulse para ser testigos. Que nos de fuerza y celo para evangelizar. Que su luz nos alumbre para convertirnos en profetas. Que con su calor nos haga ser memoria viviente de Jesús. Que su amor nos lleve a consolar a los demás. Muchas gracias, queridos amigos. Os encomiendo al Espíritu Santo en este domingo de Pentecostés. El será vuestro consuelo y fortaleza para ser testigos de Cristo. Orad también por mi.

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