“Son los corazones jóvenes los que llevan consigo todo ese entusiasmo y fuerza para luchar por los ideales que el Señor ha sembrado en nuestros corazones.”

Se acerca el Encuentro Diocesano de Juventud 2019, que se realizará en el colegio Liceo del Sagrado Corazón, en la localidad de San Fernando. Es muy importante encontrarnos y compartir. Os facilito aquí toda la información para todos los jóvenes, catequistas y responsables de jóvenes. El reciente Sínodo de los Obispos en Roma sobre los jóvenes en la Iglesia nos impulsa a una acción más testimonial, decidida y comprometida, en la que los jóvenes de la sociedad puedan encontrar el atractivo de la fe y la grandeza de la fraternidad en la Iglesia.

Cada uno ha de encontrar lo que su corazón le pide para crecer como persona, y el amor que llena el corazón y nos impulsa a servir. Con la mirada amistosa de Jesús, aprenderemos a mirar a los demás y salir a su encuentro olvidados de nosotros mismos pero llenos de esperanza y deseo de bien. El Papa Francisco nos llama a la santidad por el camino de la escucha de los demás y de la responsabilidad, una participación efectiva que nos hace disponibles para el servicio y la acción. Son muchos los marginados, excluidos y emigrantes que esperan nuestro acompañamiento, y, a veces, están muy cerca de nosotros. También los que sufren rupturas familiares, viven situaciones violentas o en la dureza del mundo laboral, esperan una palabra profética, y unas relaciones renovadas que muestren a todos el camino de la amistad y la relación, aprendida en la escuela de nuestra adhesión a Jesucristo. También los jóvenes saben sufrir y compartir el dolor de los demás. Son los corazones jóvenes los que llevan consigo todo ese entusiasmo y fuerza para luchar por los ideales que el Señor ha sembrado en nuestros corazones.

Estamos a la espera de un próximo documento anunciado por el Papa dirigido a los jóvenes. Tenemos una indeclinable labor de acompañamiento para que todos reciban en su corazón la voz de Dios y, caminando a su lado, crezcan y maduren en el hogar de la Iglesia para transformar el mundo.

Pier Giorgio Frassati, Chiara Luce Badano, Nennolina, María Goretti, Domingo Savio, Teresita de Lisieux, Jacinta y Francisco Marto, Laurita Vicuña, Santa Inés, y la Beata Imelda (¡y tantos otros santos jóvenes!), cada uno desde su propio estado de vida y edad y conscientes de sus propias fragilidades, fueron justamente jóvenes con un amor grandísimo por Dios, absolutamente convencidos de que el amor a Jesús y a los demás es lo que realmente cambia los corazones y al mundo.

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