Cristo Rey: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”

MI MENSAJE POR LA SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

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Celebración de Cristo Rey, 75 Aniversario Hermandad de la Paz en la parroquia de San José de Cádiz

Hemos celebrado la Solemnidad de Cristo Rey. Jesucristo anuncia la Verdad, la luz que ilumina el camino hacia el Reino de Dios. “Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”(Jn 18, 37).

 

Celebramos a Cristo como el Rey bondadoso y sencillo que guía a su Iglesia peregrina hacia el Reino Celestial y le otorga la comunión con este Reino para que pueda transformar el mundo en el cual peregrina. Jesús nos revela de este modo su misión reconciliadora de anunciar la verdad ante el engaño del pecado. Dios mismo se hace hombre y devuelve a la humanidad la posibilidad de regresar al Reino. El Rey-Pastor se hace cordero para inmolarse amorosamente en la cruz y transformar el mundo en el amor.

 

Ésa es la misión que le dejo Jesús a la Iglesia al establecer su Reino. El Reino ya está en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. Cuantos escuchen aquí su llamada se convierten en miembros de su Reino. Vivimos ciertamente las dos realidades de la Iglesia, que es peregrina y celestial a la vez. La oración y la gracia de los sacramentos fortalecen a los peregrinos. “Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”(Jn 18, 37).

 

El Papa Pio XI instituyo esta fiesta para ayudar a los cristianos a afrontar el secularismo que intenta descartar a Dios de la sociedad y toda influencia religiosa en el gobierno del mundo. En suma, para buscar la paz, pues un mundo sin la referencia trascendente y ausente de ley moral superior está abocado al más desastroso desorden. Es obvio, por tanto, la actualidad de esta celebración ante los desafíos nuevos de la Iglesia, los ataques a los cristianos y, sobre todo, el profundo desorden moral y falta de referencia ética de la sociedad contemporánea, animada por la voluntad de poder. Cristo, sin embargo, reina como Rey de todo el mundo eternamente.

 

Nos consuelan enormemente las palabras del Señor: “Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tu me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos si están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros. …No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno. Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad” (Jn 17, 9-11.15-17).

 

Quien se ampara en Cristo Rey, convencido de su gobierno de amor, ha de profesar con toda su vida que Jesús es el Señor, permitiéndole que su influencia abarque toda la vida, la inteligencia, la actividad, la voluntad y los afectos. Su ley de amor y su gracia es la verdad, la fuente de justicia y de paz para cada uno y para a humanidad. Pero, además, nos hace aceptar nuestra misión para trabajar por ordenar rectamente el orden de los bienes temporales hacia Dios, obrado con rectitud moral y entregándose al trabajo costoso de restablecer el orden temporal buscando en todo la justicia del Reino de Dios.

 

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