Dios dialoga con nosotros para que lo entendamos

Jesús, siendo Dios, se hace hombre no solo para vivir nuestra temporalidad inmanente, no solamente para vivir en el tiempo, no solamente para padecer y sufrir nuestra propia muerte, para dar la vida por nosotros, sino que, además, se hace tan cercano que hasta los más profundos secretos y designios de Dios nos los va haciendo comprender. Así lo hace en largas conversaciones con sus discípulos. Es lo que ocurre en nuestra educación, lo que les pasa a las madres con sus hijos: dan las lecciones al hilo de la vida, se va educando, se dan  criterios. A mí me indigna un poco cuando la gente dice, con esos esquemas un poco anticuados, que la fe es lo que no se puede comprender, porque “como no se ve…”.

Dios se ha dedicado siglos y siglos a hablarnos para que no nos quedemos en que todo es un misterio porque no lo podemos entender. Sin embargo, toda la revelación de Dios, toda la Escritura, todo el Antiguo y el Nuevo Testamento, el acontecimiento de la Encarnación, en el que Dios se hace hombre, Verbo, que es la Palabra de Dios, son los medios por los que Dios dialoga con nosotros para que lo comprendamos. Y se hace hombre para conversar con nosotros en nuestra propia lengua, para que lo podamos entender. Y la mayor Revelación de Dios se da en su dar la vida por nosotros.

Santo Tomás de Aquino se pregunta por qué Dios tuvo que dar la vida por nosotros, y da dos razones. Una es por razón de la Redención, y otra por la ejemplaridad. Empezando por la segunda, la ejemplaridad: es que si éste es el camino de la vida nos ha dado Él el ejemplo, dando la vida por nosotros; ha abrazado el servicio voluntariamente hasta el punto de dar la vida, sabiendo incluso que le iba a llevar a la muerte de esta forma ignominiosa. Lo acepta, acepta hacerse hombre, cargar con nuestras cargas, y nos da ejemplo. Es el camino de la vida. Jesús es Camino y Verdad y Vida, y esto es para todos, hasta para el que no cree. Todo el mundo quiere afianzar su personalidad, y lo hace dejándose llevar por las pasiones o por el camino del amor y del servicio si quiere ser verdaderamente humano, con sentimientos humanos, con capacidad de amar, con capacidad de entrega.

La primera razón que expone Santo Tomás es que Jesús no solo da ejemplo, sino que con la entrega de su vida Jesús nos perdona los pecados y nos redime de la muerte eterna. Por eso Jesús no es solo un buen ejemplo para nosotros, sino que es nuestro Salvador y nuestro Redentor. Es una muerte vicaria, sustitutoria, para que nosotros no padezcamos la muerte eterna, da la vida por nosotros; Él carga con nuestras culpas, sin ser pecador, para abrirnos las puertas del Cielo. Pero evidentemente, al mismo tiempo, es ejemplo para nuestra vida, porque para eso Dios se ha hecho hombre.

Sobre esta verdad pivota la vida entera, el Evangelio y la vida cristiana. Y es muy bonito ver, aunque nos cuesta aceptarlo porque somos pecadores y muy tercos en nuestras cosas, que el que vive siguiendo a Cristo como los discípulos que vemos en los evangelios acaba haciendo real esta redención y ejemplaridad de Jesús en su propia vida: eso es lo que sostiene la fidelidad de los esposos, esto es lo que sostiene la entrega de la vida de aquellos que se dan a los demás, esto es lo que hace que por Cáritas de nuestras parroquias podamos compartir nuestra vida con los necesitados, porque necesitando yo para mí, prescindo de lo mío para ayudar a otros, como un acto de servicio y desprendimiento, no digamos los que pasan todo el día como voluntarios, o visitando enfermos. Eso es lo que nos lleva a evangelizar a tiempo y a destiempo. Os invito a seguir este trabajo en las IV Jornadas de Renovación Pastoral que se celebrarán en nuestra Diócesis este 26, viernes, para la zona del Campo de Gibraltar, en el Colegio de La Inmaculada de Algeciras de 5,30 a 8,00 de la tarde y al día siguiente, el 27, sábado, para la zona centro y Bahía de Cádiz, de 10,00 a 13,30 en el Centro de Congresos Cortes de la Real Isla de León de San Fernando. Deseo que en comunión demos frutos de Evangelización desde el amor, en la fuerza de Cristo Redentor.

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