La unidad, una tarea “prioritaria e irreversible”

cartel_semana_oracion_cristianos_2018-212x300.jpgLa Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de las distintas confesiones se celebra del 18 al 25 de enero. El ecumenismo, esta unidad, en expresión del Papa, es una tarea “prioritaria e irreversible”. Jesús oró al Padre en la noche de la última Cena con la intensidad emocional y el anhelo de la despedida por la unidad de sus discípulos: «Te pido, Padre, que todos vivan unidos. Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Acompañemos en la oración a Jesús en este deseo.

Hemos de ser conscientes de que la fe nos garantiza saber que estamos, por la gracia de Dios, en aquella plena posesión de medios de salvación de quienes pertenecen a la comunión de la Iglesia. Así lo creemos y, por ello, nos mantenemos en la Iglesia católica. Creemos, sin embargo, que también las Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Iglesia católica, tienen con nosotros elementos de comunión que nos permiten reconocerlos como verdaderos cristianos y discípulos con nosotros del único Señor. Hemos de creerlo de verdad, aun cuando los católicos disentimos de las Iglesias y Comunidades eclesiales protestantes en la interpretación de la verdad revelada. Hemos de tener clara conciencia de que, como el Vaticano II afirma, en estas Iglesias y Comunidades eclesiales salidas de la Reforma protestante, «existen graves discrepancias con la doctrina de la Iglesia católica, incluso sobre Cristo, Verbo de Dios encarnado, y sobre la obra de la redención, y, por consiguiente, sobre el misterio y ministerio de la Iglesia y la función de María en la obra de la salvación» (Decreto sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio, n. 20).  Pero el Concilio dice en el mismo lugar que «conviene establecer como objeto de diálogo la doctrina sobre la Cena del Señor, sobre los demás sacramentos, sobre el culto y los ministerios de la Iglesia» (Unitatis redintegratio, n. 24).

El logro consumado de la unidad de la Iglesia solo puede venir de Dios. No puede ser obra nuestra, aunque no se alcance sin nosotros, porque Dios quiere nuestra colaboración con este empeño que es voluntad de Cristo. Es mucho lo que hemos avanzado en este diálogo que el Concilio proponía hace cincuenta años, y el acercamiento con nuestros hermanos anglicanos y luteranos ha sido muy grande. Es sabido que, por lo que se refiere a los cristianos orientales ortodoxos nuestra comunión en los sacramentos es plena y podemos reconocernos como Iglesias hermanas, aunque todavía hemos de llegar a la plena comunión en la manera de comprender la Iglesia universal y el primado del sucesor de Pedro, como servidor de la comunión universal de la Iglesia.

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