Más de 65 millones de personas fuera de sus hogares

jornada_emigrante_refugiado_web_5_14_01_18-1-1024x630.jpgLa Iglesia sufre con las situaciones que llevan a emigrantes y refugiados a tener que abandonar su tierra y trata de hacer presente al Dios que acompaña en la historia, procurando ser como tierra prometida cooperando a su acogida e inserción. Nuestra diócesis de Cádiz y Ceuta lo sabe muy bien, pues lleva trabajando en ello muchos años con intensidad y grandes frutos. Así lo pude palpar ayer en la Catedral, celebrando la Jornada Mundial de las Migraciones propuesta para toda la Iglesia y para todo hombre de buena voluntad, pues la urgente realidad nos interpela a todos: más 65 millones de personas fuera de sus hogares, la cifra de refugiados más alta desde el final de la II Guerra Mundial. Sin duda es necesario ampliar las posibilidades para que los emigrantes puedan entrar de modo seguro y legal en los países de destino. 

«Cada forastero que llama a nuestra  puerta -dice el Papa Francisco en su mensaje- es una ocasión de encuentro con Cristo». Pero más allá de apelar al deber de los creyentes a ver en la carne del más necesitado la carne del propio Salvador, busquemos fórmulas para intentar encauzar la inmigración ilegal, el tráfico de personas y la crisis de los refugiados frente al inmovilismo de gobiernos y la comunidad internacional. En el tiempo de los muros y las verjas Francisco subraya la urgencia de «acoger, proteger, promover e integrar a los emigrantes y refugiados».

Hemos de agradecer y animar a todos los cristianos que trabajan en la acogida, protección, promoción e integración de los inmigrantes y refugiados en la sociedad y en la Iglesia, especialmente en nuestra diócesis a través de la Fundación Tierra de Todos. He celebrado con muchos de ellos la pasada Navidad y el año nuevo. Vale la pena conocer sus vidas y sus tragedias para valorarles. En la Iglesia nadie es extranjero, cada uno tiene su sitio. Vinieron muchos de ellos a la Catedral a ganar el jubileo. Dios pone en nuestras manos las llaves para abrir sus vidas a la libertad y su corazón a la fe.

Se nos invita a buscar oportunidades y espacios para que los migrantes y las comunidades se reúnan y aprendan unos de otros. “Acoger, Proteger, Promover,  Integrar”, para mover a toda la Iglesia y para acercarse a los hermanos más heridos en nuestras diócesis, ciudades y pueblos.

 

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