Estudiar la Doctrina Social de la Iglesia y suscitar un cambio de mentalidad

obispo_botafuegos6En una sociedad sin Dios y del descarte en las relaciones humanas, habiendo celebrado este Domingo la Jornada Mundial de los Pobres, recordamos la necesidad de asumir la doctrina social de la Iglesia recogida en el Compendio de Doctrina Social: “la doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la iglesia. Todo lo que atañe a la comunidad de los hombres –situaciones y problemas relacionados con la justicia, la liberación, el desarrollo, las relaciones entre los pueblos, la paz— no es ajeno a la evangelización. Esta no sería completa si no tuviese en cuenta la mutua conexión que se presenta constantemente ante el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre” (Compendio de la DSI, 66). Cuando nos dedicamos a transmitir el evangelio y comprobamos la belleza del apostolado y sus dificultades comprobamos el valor de la Doctrina Social de la Iglesia, que debemos conocer más y mejor, pues nos orienta a actuar como cristianos en el mundo laboral, económico, socio-político y familiar.

Se ha puesto de manifiesto que “en el origen de la actual crisis económica hay una crisis previa: la negación de la primacía del ser humano. Esta negación es consecuencia de negar la primacía de Dios en la vida personal y social” (Iglesia, servidora de los pobres, 15). Hemos de ser, por tanto, motores de un cambio de mentalidad. En una sociedad que parece querer comportarse como si Dios no existiese es necesario vivir en conciencia y dialogar con la increencia, pero también mostrar el valor del don gratuito, la compasión sin límites, la hospitalidad y el perdón. Ante la indiferencia debemos huir de la superficialidad y plantear sin miedo los interrogantes del sentido de la vida que es la llave que abre la puerta a la fe. El verdadero encuentro con los pobres compartir nuestros bienes ha de convertirse en un estilo de vida.

Hemos de dar gracias a Dios por las muchas organizaciones que se preocupan de atender y cuidar a los pobres, y a los cristianos sensibles que las asisten, y a cuantos colaboran con buena voluntad. He de mencionar, sobre todo, a Cáritas, que actúa eficazmente de modo inmediato en cada lugar a través de las parroquias, en íntimamente unidos a Cáritas Diocesana. Gracias a la colaboración de los benefactores y voluntarios puede llegar hasta los últimos rincones y hacer llegar a todos la caridad, que es manifestación del amor de Cristo.

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