“Una invitación a escuchar el grito de ayuda de los pobres”

El domingo 19 de noviembre la Iglesia celebra la I Jornada Mundial de los Pobres. Una invitación que el Santo Padre dirige a toda la Iglesia, así como a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que escuchen el grito de ayuda de los pobres. En su mensaje nos recuerda las palabras de Jesús en el evangelio: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo, especialmente cuando se trata de amar a los pobres. “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, política o filosófica. Dios les otorga ´su primera misericordia´. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener ´los mismos sentimientos de Jesucristo´ (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres…” (EG 198).

Todos estamos llamados a la conversión, que, si es auténtica, debe llevar consigo una esmerada solicitud por los pobres desde el encuentro con Cristo. “La solidaridad de Jesús con los hombres y, sobre todo, con los pobres de su tiempo, le llevó a comenzar su misión invitando a la conversión. … También nosotros, si queremos ser hoy buena noticia para los pobres y hacerles presente le Evangelio del amor compasivo y misericordioso de Dios, tenemos que ponernos en actitud de conversión” (Iglesia, Servidora de los pobres, 34). La fe auténtica nunca es cómoda ni individualista. Incorporemos, pues, esta dimensión en nuestra vida cristiana, como expresión de un mayor amor a los hermanos que más lo necesitan. Y hagamos examen de conciencia: vivir la caridad con los pobres ¿es algo esencial en mi vida, mi parroquia, asociación, cofradía o movimiento?

Es necesario ´estar con´ los pobres—hacer el camino con ellos—y no limitarnos a ´dar a´ los pobres recursos (alimento, ropa, etc.). El que acompaña se acerca al otro, toca el sufrimiento, comparte el dolor. Por eso, si queremos ser compañeros de camino de los pobres, necesitamos que Dios nos toque el corazón” (Iglesia servidora de los pobres, 47). Todos podemos trabajar en favor del desarrollo integral de la persona con nuestra actividad caritativa y social, y también, cambiando el estilo de vida y nuestra postura ante el consumo, pero, sobre todo, manifestando la ternura de Dios a cuantos nos rodean y colaborar con la primera asistencia de los menesterosos más cercanos. Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19) y nos amó dando todo, incluso su propia vida (cf. 1 Jn 3,16). Un amor así no puede quedar sin respuesta.

 

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s