Si has impuesto el criterio del egoísmo en tu vida, tampoco encontrarás quien cargue con tu cruz y te ayude.

image001Dios se regala a si mismo, se te da: ésta es la clave y la gran revelación de Jesús. Dios te ama y te da todo. ¿Lo quieres? Si!. …Pues se consecuente y no pongas nada ni a nadie por encima de Dios. Lo malo es cuando hay que elegir, pues continuamente la tentación, la presión, el mundo, las ideologías, nos ponen entre la espada y la pared. Entonces es cuando verdaderamente hay que escoger el bien, el camino de Dios. ¿Qué nos dice Jesús? Pues mirad, Jesús nos dice que hay que ser consecuentes con ese amor, que Él nos ama hasta dar la vida por nosotros. Como dice San Pablo, si habéis muerto con Cristo, vuestra vida es para Él y con Él. Vosotros que habéis muerto a vosotros mismos por el bautismo –ontológicamente, pues esto hay que concretarlo en la vida en medio del mundo- ya vivís para Él, sois de Él, y vivís su vida, que es la cosa más feliz del mundo, pero ya con los criterios de Jesús, con la consecuencia del amor de Dios, con el atractivo del amor de Dios, y ante esto no hay ni padre ni madre (“ni perro que me ladre”, como dicen los castizos). Y “el que me ama que cargue con su cruz y me siga”. Carga con tu cruz, que Jesús la lleva contigo, pues en realidad la cruz es nuestra. No la ha inventado Jesús, pero la lleva con nosotros y carga con la nuestra.

Una vez que sabes que la vida es de Dios comprométete con quien te ama. Esto vale para el matrimonio, para la amistad, etc. “Yo te quiero mientras no haya problemas, yo te quiero mientras no seas una carga”, se piensa hoy. Vemos esto en las relaciones humanas y el matrimonio, pues huimos del sufrimiento. Quizá, si has impuesto el criterio del egoísmo en tu vida, tampoco encontrarás quien cargue con tu cruz y te ayude. Solamente el que de verdad carga con la cruz de los demás y voluntariamente carga con la suya, encontrará el alivio del Señor, que en la Cruz nos sostiene. Y esto ¿qué quiere decir?. Pues que uno puede afrontar la voluntad de Dios con libertad. Nuestro gran problema, incluso como cristianos, es que tenemos las manos atadas por nuestro egoísmo y con nuestra comodidad.

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