Feliz descanso y…mete el Evangelio en la maleta

IMG_9181.jpgOs deseo un feliz descanso, unas vacaciones capaces de reponer las fuerzas, un tiempo para llenaros de lo verdaderamente bueno, sobre todo, de la satisfacción de disfrutar con la familia y los buenos amigos.

Es muy importante saber descansar, o, mejor dicho, saber elegir lo que puede reponernos disfrutando sin agotarnos ni disolver nuestro corazón. A todos nos apetece reposar y orillar los compromisos diarios pesados. Algunos piensan, por eso, que las vacaciones son para olvidar deberes pesados, responsabilidades difíciles, normas oprimentes. Es decir, dejando a un lado la cabeza, el corazón, la conciencia, para vivir la aventura de los caprichos. Este es el modo que potencia la cultura hedonista dominada por el no hacer nada, o por gozar al precio que sea. Pero hay otro modo, que es siendo dueños de nuestras vacaciones, valorar este tiempo pero descubriendo lo que encierra para recuperarse del desgaste y del cansancio, y llenar el corazón.

Es muy frecuente que nuestro tiempo libre, si nos descuidamos, se convierta en tiempo esclavo. Esclavo de hacer cada vez más cosas, cosas cada vez más difíciles, todo cada vez más rápido, viajes cada vez más lejos. También existe el peligro de vivir el tiempo de verano como si Dios no existiese, como si la fe cristiana fuese sólo para los días ordinarios, para el trabajo.  Hay quienes olvidan hasta los mandamientos de Dios que marcan nuestro camino de felicidad. “Vacaciones sin Dios”, o, “mandar a Dios de vacaciones”, como una especie de tiempo sin ley donde uno echa unas cuantas canas al aire, no es la solución.

El cristiano, que sabe el estupendo tesoro de la vida que Dios ha puesto en sus manos, busca llenar el corazón y “mete el Evangelio en la maleta” (cf. Benedicto XVI, Zenit 3.7.2011).

Con Jesús de compañero, yo te aconsejaría:

  • Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa. Pasea plácidamente por los paisajes que más te gusten: playas, veredas, descampados… Contempla y saborea la naturaleza. Mira el firmamento. A veces, pasa mucho tiempo sin que hayamos visto una estrella o la belleza incomparable de la luna llena, o la salida del sol en el horizonte.
  • Vive la vida. La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás.
  • Vive la familia. Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos. Disfruta más de la familia, porque el descanso ofrece nuevas oportunidades para conocernos todos mejor, para saber lo que necesitamos y hasta lo que nos sobra en ocasiones.
  • Vive la amistad. Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas. Descubre nuevas amistades, -el verdadero amigo siempre es un gran tesoro-, que nos ilusionen, nos hagan reír y pensar, nos acompañen, nos entusiasmen.
  • Vive tu condición de cristiano. No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad.
  • Vive el domingo. En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre.
  • Vive la justicia. No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes.
  • Vive la verdad. Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la ociosa vanagloria.
  • Vive la limpieza de corazón. Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.
  • Vive la solidaridad. Se puede descansar sin alejarnos del prójimo sino. Todo lo contrario: hay que buscarles más, atenderles mejor, escucharles, comprenderles, amarles. No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones. Siembra gestos hermosos, obras de caridad, ayudas anónimas, no sólo con un donativo sino también con una palabra amable, con una sonrisa, con una orientación para emprender rutas nuevas.

No te olvides de esos libros que tienes pendientes de leer: ensayos, biografías, novelas, historia y dedica unas horas a un trabajo que comporte servicio y entrega a los demás. Hay que buscar espacio y tiempo para pensar en uno mismo. No tengas miedo de reencontrarte contigo y vencer la superficialidad que produce el ajetreo de la vida ordinaria. Para ello, no olvides los Evangelios que te ayudarán.

Ofrece cada jornada a Dios, con ilusión y optimismo: te ayudará a comenzar alegre y dispuesto a servir. Una oración que lleve el sello de “encuentro con el Señor”, escuchando el rumor de sus palabras, la cercanía de su presencia, a ser posible, ante el Sagrario de cualquier iglesia.

Volverás mejor de todos los descansos, más sereno, más dispuesto a caminar, más alegre, más generoso. Porque el descanso no es cruzarse de brazos sino abrirlos de par en par a Dios, a su obra creada, a nuestros hermanos. La alegría permanente brota de tener la “casa interior” en orden. Las vacaciones son un tiempo privilegiado para una “puesta a punto”.


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