Tiene sed de ti, carga con tu sed, te sacia… Estate mucho con Él

En el Evangelio de este Domingo Tercero de Cuaresma veremos a Jesús asumiendo la debilidad humana. Exhausto del camino, le pide de beber a una Samaritana.  Este “tengo sed” nos recuerda a las palabras de Cristo en la Cruz. Nuestro Señor, amante hasta el extremos en la Cruz, tiene sed de nuestro amor. “Dame de beber” dijo a la mujer, para que brote en ti un río de agua viva. Jesús es la mina de agua, el manantial, un amante perpetuamente insatisfecho que tiene sed de ti y que carga con toda tu sed. Es la iniciativa extravagante de un Dios desposado con la debilidad humana, la filigrana del Eterno que asume nuestros límites para hacernos renacer.

El cielo se abre para buscarte, no quiere tus obras sino tu amor: ¿Obtendrá tu respuesta? Y yo, pregúntate, ¿saciaré por fin mi sed? Estate mucho con Él en esta Cuaresma, en oración, y ofrécele tus obras de amor. Tiene sed de ti. Dios tiene sed de ti, de tu amor, y te colma con un manantial que sacia como nada ni nadie y brota hasta la vida eterna.

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