“El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida”

MI MENSAJE DE MANOS UNIDAS EN ESTA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE 2017

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Manos Unidas lanza su nueva Campaña anual con el lema “EL MUNDO NO NECESITA MÁS COMIDA. NECESITA MÁS GENTE COMPROMETIDA”, y para ello celebrará numerosos eventos en toda España desde el próximo 31 de enero y hasta el domingo 12 de febrero, día en el que se celebrará la Jornada Nacional de Manos Unidas. No pocos misioneros y expertos en desarrollo van a explicarnos esta campaña que recorrerá las ciudades españolas, casi en su totalidad, para compartir su experiencia de lucha contra el hambre a través de proyectos de desarrollo en algunos de los países más pobres del planeta.

Recuerdo que, cuando los Reyes de España visitaron este año la Conferencia Episcopal Española con motivo de su 50 Aniversario, D. Felipe alabó el trabajo que la Iglesia realiza y proyecta: “Los españoles debemos reconocer y agradecer a la Iglesia la intensa labor asistencial que desarrolla, el ejercicio de solidaridad que realiza y proyecta y que contribuye también la cohesión de una sociedad que, más allá de las creencias de individuos o grupos, ha de tender a vivir en paz procurando eliminar aquellas desigualdades que generan exclusión“. Y citó la importante labor de “instituciones como Cáritas o Manos Unidas” y otros más.  También el Cardenal Blázquez, en su discurso de respuesta también quiso destacar el trabajo de Manos Unidas, organización creada por las mujeres de Acción Católica hace bastantes decenios, que anima la conciencia social entre nosotros y contribuye eficazmente al servicio de los necesitados y a la promoción de la mujer en innumerables lugares del mundo”, y el de otras muchas organizaciones que muestran cómo la fe cristiana repercute en beneficio de muchas personas de cerca y de lejos.

Así es. Con su experiencia acreditada y un realismo fuera de duda, Manos Unidas hace hincapié este año en las tres cuestiones que le parecen esenciales y urgentes para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo.

La primera es el desperdicio de alimentos. En España cada año 1.300 millones de toneladas de alimentos aptos para el consumo acaban en la basura, pese a que el hambre representa el mayor riesgo para la salud en el mundo, según el último informe del Programa Mundial de Alimentos (2015). Mientras 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo nosotros desechamos un tercio de nuestros alimentos, que acaba en la basura.  Seguimos asistiendo, por tanto, a lo que San Juan Pablo II denominó “la paradoja de la abundancia”: a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, sigue habiendo 800 millones de personas a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse. Para acabar con esta lacra en el mundo hay que abrir bien los ojos y unir nuestros esfuerzos.

En segundo lugar está la lucha contra la especulación alimentaria. Los precios de los alimentos afectan con mayor intensidad, dentro de los consumidores, a las personas más pobres que pueden llegar a gastar hasta el 75% de sus ingresos en alimentos. De hecho, se calcula que los precios de los alimentos básicos –como el maíz, el trigo y el arroz– crecieron hasta triplicarse Como dice el Papa: «Los mercados, procurando un beneficio inmediato, estimulan todavía más la demanda. Si alguien observara desde afuera la sociedad planetaria, se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida. Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, en el que prima una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tiende a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas» (LS 55-56).

Finalmente está el compromiso con una agricultura respetuosa con el medio ambiente que asegure el consumo local.

Comprometámonos con un aprovechamiento integral de la producción de alimentos, evitando el despilfarro.  No fomentemos el consumismo. Si todos fuéramos más responsables  apoyando a los agricultores familiares en su lucha por su derecho a la alimentación basado en una producción sostenible, y haciendo ver que los alimentos son un elemento indispensable para la vida, podríamos ayudar a cambiar las cosas y avanzar hacia el fin del hambre en el mundo. Pero, ante todo, solucionar esta lacra pasa por acompañar a los más pobres, reforzar el derecho a la alimentación de los pequeños productores, contribuir al cambio hacia unos sistemas alimentarios más justos y educar para una vida solidaria y sostenible.

Manos Unidas, como gesto de apoyo a los casi 800 millones de personas que sufren, cada día, el hambre en el mundo, celebra el Día del Ayuno Voluntario el VIERNES 10 DE FEBRERO con eventos en toda España y propone donar el importe de nuestra comida de ese día a los proyectos de desarrollo que realiza la ONG en 60 países.

El DOMINGO 12 DE FEBRERO en las parroquias de toda España se celebrará la Jornada Nacional de Manos Unidas con una colecta única especial en la que se invitará a todos los asistentes a aportar su colaboración a la Organización.  Cada euro cuenta, porque es un paso más hacia la mejora de las condiciones de vida de miles de personas, haciendo posibles los proyectos de desarrollo que se están impulsando desde 1960 en más de 60 países de África, América, Asia y Oceanía.

Sabemos que la miseria y la exclusión no son una fatalidad, sino consecuencias del egoísmo humano. Donde la educación y la asistencia sanitaria son una quimera para muchos, donde los niños no saben lo que es la infancia, donde se explota a los más débiles y se margina a la mujer por el hecho de serlo y donde el emigrante no encuentra refugio y el que es diferente sufre rechazo, Manos Unidas proporciona las herramientas para que millones de personas puedan cambiar su historia. Los fieles cristianos de nuestra diócesis son generosos, y lo será toda la gente de buena voluntad que quiera colaborar.

El mundo necesita un nuevo estilo de relaciones. Por eso queremos recuperar el sentido de la solidaridad, cultivando una cultura del encuentro y el cuidado. Sigamos con Manos Unidas plantando cara al hambre.

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