Cuando parece que Dios no tiene poder

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Inauguración ayer en Chiclana de la estatua al Hermano Pedro Manuel Salado, del Hogar de Nazaret, fallecido por varios infartos tras rescatar a siete niños en el mar de las playas de Ecuador. Puedes ver la noticia aquí

Cuántas veces recriminamos a Dios o el mundo rechaza a Dios, simplemente porque parece que Dios no tiene poder. ¿Qué ha hecho Dios, que decimos que es todopoderoso, cuando el mundo se le va de las manos, cuando existe el mal, cuando sufren los inocentes, cuando no hace justicia?

Efectivamente, Dios es Todopoderoso, pero Él, a Sí mismo, ha querido limitar su libertad en el momento en que nos ha hecho a nosotros libres, en el momento en que nos ha dejado a nosotros tomar parte activa en la salvación del mundo. Cuando recriminamos esas cosas a Dios, parece que desearíamos que fuese como un autor de guiñol que moviese las marionetas. Sin embargo, Dios nos ha dado la libertad, recortándose Él mismo su acción en el mundo, o mejor dicho, viviéndola de otra manera, porque a nosotros nos gustaría que triunfara la Iglesia de una forma exitosa, triunfalista, que triunfasen nuestros proyectos siempre.

Nos quejamos de que el mundo está mal: «¡Qué difícil es la evangelización, qué difíciles son nuestras cosas!» Nosotros, los sacerdotes, los obispos podríamos decir: «¡Esto es insoportable, quién puede vivir contra esta máquina del mundo!», sobre todo cuando se hace insoportable por los creyentes. Pero los planes de salvación de Dios son distintos. Aparentemente ha recortado su poder, pero Él nos muestra que el poder supremo es el de dar la vida por amor. Y Cristo, el que completa nuestra fe (Hb 12,2), el que nos anima a correr en el estadio, al que suplicamos que aumente nuestra fe, es el que nos enseña, por el camino del amor, para que podamos vivir con el poder de Dios, que respeta nuestra libertad, pero la eleva a tal punto, que nos hace compenetrarnos con Él en su acción, colaboradores en la obra de la Redención. Y esta presencia en nuestra pobreza, esta confianza, nos llena el corazón de alegría.

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