Ofrecemos cada día junto al pan y el vino nuestra vida

missio_profesores_religion_campogibraltar_2_06_10_16El hombre de hoy es poco agradecido, porque está muy deshumanizado. No es un problema religioso. Es como un componente de una vida en la que nos hemos acostumbrado a vivir de una forma tan autosuficiente que no tenemos nada que agradecer a nadie. Es la expresión de una sociedad que cree que todo se le debe, que lo merece todo. ¿Cómo no van a perturbarse las relaciones humanas, familiares, los matrimonios? ¿Cómo va a haber fidelidad entre nosotros si no somos agradecidos. ¿Cómo se van a dar testimonios de amistades heroicas, notables, comprometidas si no hay agradecimiento?

El don de Dios, la relación con Él, que nos amó hasta el estremo, nos saca con poder de esta autosuficiencia. La Eucaristía es una acción de gracias, pero no se trata de un agradecimiento superficial y sin contenido. Cada uno de nosotros, en la totalidad de nuestro corazón y nuestro ser, ha de ofrecerse con el pan y el vino sobre el altar. Es una acción de gracias que nos compromete radicalmente, porque, por lo que hemos recibido de Dios nos entregamos. “Por Cristo, con Él y en Él”, como decimos en el embolismo final de la anáfora, para que nuestra vida sea una ofrenda, un servicio, una entrega hasta dar la vida, pues el distintivo del cristiano es dar la vida.

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