¡Dios mendiga nuestro amor!

1Mes de junio, un mes dedicado a la Devoción del Sagrado Corazón de Jesús. “¡Maldito el que no haya mendigado! No hay nada más grande que mendigar. Dios mendiga, Los Ángeles mendigan. Los Reyes, los Profetas y los Santos mendigan. Los Muertos mendigan.Todo el que está en la Gloria y en la Luz mendiga. ¿Por qué querrían que yo no me gloriase de haber sido un mendigo, y, sobre todo, un “mendigo ingrato”?…” En el Diario de Léon Bloy, (cf. Primer volumen: “El mendigo ingrato”), lo reconocía así este escritor converso.

Somos mendigos de la misericordia de Dios, de ahí nuestra necesidad continua de perdir perdón, de expiar y reparar el daño causado a su obra de amor. Pero Él nos ama primero. ¿Porqué avergonzarse, si hasta Dios mendiga nuestro amor? ¡Dios hecho hombre para asemejarse en todo a nosotros asume nuestra pobreza de tantas formas!: ¡Feliz pobreza! ¡Feliz culpa! que nos ha entregado su amor. Que no nos avergüence acudir a su amor, a su perdón, a la conversión.

La Misericordia es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro en Jesucristo y su corazón traspasado por nuestras iniquidades. La misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que nos descubre el criterio para conocer nuestra identidad de hijos en el Hijo y como el Hijo. Porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia así, entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, con misericordia, con el corazón, la mente, los sentimientos y las obras de los hijos de Dios, con el corazón del Hijo de Dios.

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