Ni un segundo sin amor

ancianos

¿Nos estamos  tomando en serio la Cuaresma? ¿Tenemos derecho a perder tan sólo un segundo de nuestra vida en la superficialidad? ¡Mucho amor se nos da en Cristo! Nuestro tiempo tan herido por el individualismo y la superficialidad camina pero sin saber la meta. Los más débiles se quedan en el camino, son manipulados, alienados, utlizados, desechados…

Nosotros en cambio “sabemos bien adonde vamos” (Himno de Laudes del tiempo cuaresmal). Nuestro origen es el amor de Dios y éste también es nuestra meta. El tiempo presente se nos da para que ese Amor nos vaya haciendo como El: más divinos, más humanos “hasta llegar a la plenitud, a la estatura de Cristo”(Ef 4, 13) Esta estatura de Cristo es la Caridad que es como los cristianos llamamos al amor natural cuando es plenificado por la gracia sobrenatural del Espíritu Santo. De este modo el cristiano madura, crece, en la medida en que ama con esta Caridad. Lo mismo podríamos decir de la Iglesia en general, de nuestra diócesis o de nuestras parroquias o comunidades.

Las personas no necesitan sólo de alimentos o ropa sino que demandan sobre todo de amor, y, en el fondo, requieren a Cristo. Tampoco demandan un pensamiento o una ideología por muy bien construidas que estén. Podremos dar a Cristo a través de nuestro amor si vivimos pegados a El por medio de la gracia santificante que recibimos en los sacramentos. Insensifiquemos estos días nuestra relación con Él.

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