Ánimo, tenemos lo mejor, la verdad, que cuando brilla con luz propia, es siempre atractiva…

el-amor-egoista-te-hace-infelizA nadie se le oculta las dificultades de la familia hoy, presionada por el ambiente egoísta y los criterios relativistas que nos envuelven, además de estar muy desprotegida legalmente. “Se constata con dolor cómo los hogares sufren las situaciones adversas provocadas por los cambios culturales, por la inestabilidad social, por los flujos migratorios, por la pobreza, por programas educativos que banalizan la sexualidad y por falsas ideologías. No podemos quedar indiferentes ante estos retos. En el evangelio encontramos luz para responder a ellos sin desanimarnos. Cristo con su gracia nos impulsa a trabajar con diligencia y entusiasmo para acompañar a cada uno de los miembros de las familias en el descubrimiento del proyecto de amor que Dios tiene sobre la persona humana” (Benedicto XVI, 29 de marzo 2011).

Nos damos cuenta así de que todo amor humano está sometido, cercado, por nuestras deficiencias y por la influencia de una cultura que no invita a amar con generosidad sino todo lo contrario.

Ante nuestra propia vida y la situación de la familia, ¿qué debemos hacer? Pues debemos ser fieles, en primer lugar, siendo conscientes de que nuestra fidelidad es generadora de vida, de verdad, convivencia y de regeneración social. Nuestras familias sufren hoy demasiadas presiones, precisamente por una cultura basada en el egoísmo, en la ganancia, que desprecia a los débiles, que no soporta la fidelidad, siempre condicionada por al propio bienestar. A parte encontramos factores sociales que merecen nuestra ayuda y comprensión: la pobreza, la migración…

Pero sin lugar a dudas, como bien nos recordaba Benedicto XVI, el problema mayor es el problema antropológico: no sabemos qué es ser persona humana, qué es lo importante y qué es lo superfluo. La orientación de nuestra vida se ve truncada cuando lo que perseguimos nos es precisamente lo que nos va a dar una felicidad mayor, sino lo que en muchas ocasiones nos va a reportar un desencanto mayor. Y en todo eso, el hombre, que necesita amar, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para realizar su vida en el amor, encuentra una gran resistencia y una gran dificultad, porque aspira a ese amor, pero después no es capaz de poner los medios de fidelidad, de entrega, de donación, de gratuidad.

Respondamos a esta necesidad que realmente tiene el hombre de hoy. Es necesario entrar en ese diálogo, aprender a desmontar las mentiras que nos rodean y mostrar las verdades que cuando brillan con su luz propia son siempre atractivas, y capaces de enamorar el corazón, y proponer un amor sincero y verdadero, un sentido de la relación de las personas, de la misma sexualidad, del valor de la naturaleza humana y del hombre y la mujer.

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