Misionero¡Id y anunciad a mis hermanos que vayan a Galilea, pues allí me verán!, dice el Señor Resucitado (Mt 28 7-20). La Pascua es tiempo de llevar la misericordia a “nuestra Galilea”, allí donde está nuestra misión: nuestras casas, nuestros trabajos, las personas que sabemos que Él nos encomienda aunque nos cueste amarles. Él nos ha prometido que allí le veremos, le encontraremos al salir de nosotros mismos por la fuerza de su Espíritu Santo.

Recibid el Espíritu Santo y llevad la Misericordia al mundo entero, dijo Jesús Resucitado a sus apóstoles. Y aquella misma tarde de domingo las puertas de la Iglesia, antes cerradas por el miedo, se abrieron de par en par para no volver a cerrarse jamás (Jn 20,19-23). Deseo vivamente que se cumpla en nosotros esta encomienda.

La misión ha comenzado, hagamos realidad su mandato. Que se haga presente su vida, que nos haga vivir su Misericordia. Mis queridos hermanos y amigos, sacerdotes, religiosos y consagrados, laicos de todas las parroquias, de asociaciones, movimientos, cofradías, cuantos servís a la caridad, a la liturgia, o en la catequesis: Cristo ha resucitado y desde entonces todo es posible, el futuro es nuestro.

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