Sin igualdad no hay justicia

desigualdad socialNos encontramos a las puertas de la Jornada de Manos Unidas contra el hambre. Manos Unidas sigue siendo una ONG llena del humanismo que surge de la cosmovisión cristiana. Efectivamente, en su lucha contra el hambre han ido profundizando en la sanación de las raíces de ese problema tan antiguo y al mismo tiempo tan dolorosamente actual. El hambre es consecuencia directa de la injusticia. La justicia se sostiene sobre el orden natural cuyo eje es la dignidad inviolable de todo hombre, sin ninguna distinción. De hecho las diferentes desigualdades son causa directa de los muchos enfrentamientos armados que tanto mal producen en el mundo.

Los que hemos conocido a Cristo, plenitud de la humanidad nueva y plena, sabemos que para Dios no hay desigualdad entre hombre y mujer, esclavo o libre, judío o gentil (cf. Gal 3, 28) porque la dignidad de todo hombre no está puesta en su sexo, condición, raza o religión sino en la llamada a ser hijos de Dios que desde la Cruz gloriosa, Cristo, el Hijo eterno de Dios, dirige a todos los hombres, sin distinción.

La conciencia de esta dignidad y del proyecto común en el que todos los hombres nos encontramos ha movido siempre a los cristianos a luchar contra los atentados que ha introducido el pecado en la historia humana. Pues cuando los hombres se han alejado de Dios han entrado en una dinámica de autoafirmación en oposición al otro. Esto se ve especialmente en la relación entre los hombres y las mujeres. Efectivamente, la vocación natural del ser humano, que puede ser reconocida por la mera razón, muestra que lejos de ser enemigos, el hombre y la mujer son complementarios, se necesitan mutuamente, y especialmente en su unión conyugal, manifiestan el ser de Dios, el cual siendo una Unidad es comunión, Amor complementario en su Trinidad de personas divinas. Por ello es antinatural y por tanto un atentado a la dignidad humana la llamada “guerra de sexos o géneros”. No será como resultado de la dialéctica que surgirá la paz y la igualdad sino del reconocimiento de este orden armónico que el Creador puso en nuestra naturaleza. Por ello unidas nuestras manos con la Mano del que lleva la historia y la creación trabajemos para que este orden pueda ser reconocido y los pueblos entren en la alegría de la comunión y la complementariedad que tanto fruto han dado a lo largo de la historia en los lugares que así lo han vivido en sus normas sociales.

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