Vida Consagrada, testimonio y profecía en nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta

VNañoVCHoy a las 19:30 en la Santa Iglesia Catedral celebraré con todos los hermanos consagrados y consagradas la Santa Misa para conmemorar la Vida Consagrada que tan fecunda resulta en nuestra Iglesia, y en especial en esta Iglesia de Cádiz y Ceuta. Recuerdo las palabras del Santo Padre Francisco: “Sois hombres y mujeres que pueden despertar al mundo. Vuestra vida consagrada es profecía” (Discurso a la Unión de Superiores Religiosos. Roma, 28 de noviembre de 2013). Verdaderamente la Palabra de Dios necesita testigos en nuestros días. Hombres y mujeres apoderados por esta doble pasión: pasión por el Señor y pasión por el hombre. Dios nos pide –prosigue el Santo Padre- que dejemos el nido que nos arropa y que salgamos a los confines del mundo evitando la tentación de someterlos. Esta es la forma más eficaz de imitar al Señor” (Ibidem).

Verdaderamente hoy damos gracias a Dios por la vida de estos hermanos, que es ciertamente profecía en nuestra Diócesis. La Iglesia más que nunca es una familia, una barca en la que no hay marineros independientes sino una misión común con funciones diferentes en la que todos trabajamos hombro con hombro guiados por el Señor. En la entrega decidida a Cristo y en la obediencia a su urgente envío: Id y haced discípulos de todos los pueblos (Mt 28, 6) encontramos la verdadera felicidad que no pasa de la que la vida de tantos religiosos y religiosas, consagrados y consagradas, es testimonio: la alegría del Evangelio.

Empeñados en esta aventura común os animo y rezo por todos los consagrados para que vuestra fecundidad por medio de la alabanza y el servicio se convierta en claridad en medio del mundo, como la fiesta que hoy celebramos: luz para el mundo y gloria del pueblo de Dios. Confiando en el Espíritu Santo como Simeón y Ana, fieles hasta el final de vuestra vida, dóciles a las promesas e invitaciones del Dios de las sorpresas permaneced junto al Templo de Dios para tomar en vuestras manos –quizás ya gastadas por la entrega de toda una vida- al Esperado de las naciones, a Aquel que en el pequeño niño sólo pueden reconocer los ojos educados por la adoración. Él cambiará vuestros ayunos y sacrificios en alabanza y predicación gozosa como a Ana y a Simeón, los ancianos llenos del Espíritu Santo que esperaron con las lámparas encendidas al que puede hacerlo todo nuevo. Ayudadnos a mantener viva esta esperanza. Os necesitamos.

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