“¿Soy fecundo en mi fe o soy cerrado? ¡La Iglesia ha nacido en salida!”

b36d14fff07f79a6a26371026c76f117Estamos de estreno del nuevo curso pastoral 2014-2015. Un nuevo curso pastoral es siempre una oportunidad de gracia, que Dios nos ofrece para cumplir su voluntad y crecer en santidad. La llamada del Señor en la parábola de los trabajadores de la viña. “Id también vosotros a mi viña” (Mt 20, 4), nos la dirige hoy a todos nosotros.

En el trabajo pastoral tenemos que tener claro un principio esencial: la absoluta primacía de la gracia. Es verdad que el Señor nos pide una colaboración real en su obra y, por tanto, nos invita a usar todos nuestros recursos personales y comunitarios. Pero no podemos olvidar que sin Jesucristo “no podemos hacer nada” (cfr. Jn 15, 5).

Recientemente el Papa Francisco invitándonos a la misión, que debe ser permanente, y en el espíritu de la Nueva Evangelización, lanzaba estas preguntas: “La Iglesia somos todos: desde el niño bautizado recientemente hasta los obispos, el Papa; todos somos Iglesia y todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos estamos llamados a colaborar al nacimiento a la fe de nuevos cristianos, todos estamos llamados a ser educadores en la fe, y a anunciar el Evangelio. Que cada uno de nosotros se pregunte: ¿qué hago yo para que otros puedan compartir la fe cristiana? ¿Soy fecundo en mi fe o soy cerrado?” (Audiencia 11-XI-2013).

Decía el mismo Santo Padre en la Catequesis del pasado miércoles: “Si la Iglesia ha nacido católica, quiere decir que ha nacido “en salida”, misionera. Si los Apóstoles se hubieran quedado allí, en el Cenáculo, sin salir a anunciar el Evangelio, la Iglesia sería solamente la Iglesia de ese pueblo, de esa ciudad, de ese Cenáculo. Todos han salido por el mundo, desde el momento del nacimiento de la Iglesia, desde el momento que ha venido el Espíritu Santo. Y por eso la Iglesia ha nacido en salida, es decir, misionera”.

No estamos solos, ni contamos sólo con nuestras pobres fuerzas. La Iglesia del cielo, la Virgen María y todos los santos, nos estimulan con su ejemplo y nos ayudan con su intercesión, para que reemprendamos con alegría y confianza los trabajos al servicio del Señor, al servicio del anuncio del Evangelio y al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres.

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