Pascua del enfermo: “Dar nuestra vida por los hermanos” (1Jn 3, 16)

pascua_enfermo_ceuta_1_25_05_14La Pascua es un tiempo de amor, vida y esperanza en que celebramos el triunfo de Cristo. “En esto hemos conocido el Amor: en que Él dio su vida por nosotros; por tanto también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos”. (1 Jn3, 16).Es por ello que el lema de la Campaña del Enfermo 2014 que hemos celebrado este fin de semana: “Dar nuestra vida por los hermanos” se convierte en una llamada a salir de nosotros mismos y vivir para nuestros hermanos.

Esta Pascua del Enfermo nos pone en sintonía con lo que el Papa Francisco nos hacía, en la pasada Cuaresma, una llamada a la responsabilidad hacia los hermanos que sufren: “A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”. (Mensaje para la Cuaresma 2014).

Quiero hacer oír mi voz, frente a una crisis económica grave y ante la crisis de financiación, y reafirmar que es necesario iniciar un debate político y social sobre el modelo sanitario que la sociedad española quiere para sí, para que las prestaciones puedan ser cubiertas con cargo a los fondos públicos, prestando atención, -pongo un ejemplo entre otros tantos-, a la movilidad de las personas para que el acceso al sistema asistencial no se vea dificultado fuera de su lugar de residencia.

Necesitamos descubrir la compasión como principio de actuación social, eclesial y política. Jesús jamás pasó de largo ante quien sufría, por ello la Iglesia de Jesús tampoco puede pasar de largo, al contrario, debe acercarse al que sufre como lo hacía Jesús, mirarle con la compasión de Jesús, preocuparse del sufrimiento concreto de cada persona, como Jesús. Éste debe ser el estilo de nuestras parroquias y de nuestra acción pastoral. Necesitamos dejar que nuestro corazón se conmueva ante el hermano herido y enfermo.

Valoro y agradezco el inmenso esfuerzo y generosidad que tantos sacerdotes y consagrados, profesionales y familias están poniendo en distintos lugares de nuestra diócesis, especialmente entre hermanos con menos recursos, para que nuestra sanidad y atención a los enfermos mantenga la calidad que necesita.

Me dirijo particularmente a las personas enfermas y a todos los que les prestan asistencia y cuidado, y lo hago con las mismas palabras del papa Francisco, en su Mensaje para esta Campaña del Enfermo 2014:“Queridos enfermos, la Iglesia reconoce en vosotros una presencia especial de Cristo que sufre. En efecto, junto, o mejor aún, dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la soledad del sufrimiento e iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del amor de Dios por nosotros, que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios también la noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad en su compañía, unidos a él”.

Me uno, desde lo más profundo de mi corazón de pastor, en la oración a quienes se encuentran en el duro trance de la enfermedad o de cualquier forma de sufrimiento, y a sus familias. Miramos a María, Salud de los enfermos y consuelo de los afligidos y, viéndola junto a la cruz, hacemos una llamada a la fe para que, contemplando al Crucificado y a los crucificados, descubramos en esta Pascua al Resucitado. ¡Os bendigo de corazón, rezo por vosotros, rezad por mí!

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