La solidaridad, una manera de concebir la vida

 

caritas--647x231Sufrimos profundamente el individualismo y ahora también sus consecuencias. De la crisis saldremos juntos o no saldremos. Ya se ha revelado como falso el axioma consumista que se ha convertido en un auténtico principio de vida y que dice: “Tú, preocúpate de lo tuyo, que si no nadie lo va a hacer por ti. Que ya los demás harán lo mismo con lo suyo y al final todo irá bien”. Esa “mano invisible” que todo lo arregla ha resultado que no existe. Se nos ha pedido una especie de “fe” en algo invisible, que no se ve, que no entendemos y ahora sufrimos sus consecuencias. La razón y la fe cristiana sin embargo coinciden en que el principio de solidaridad es la clave del crecimiento social de un pueblo. El desarrollo debe centrarse en conseguir personas que lleguen a ser auténticas protagonistas de su vida, capaces de amar, de luchar y de construir. Debemos defender una economía al servicio de las personas y una economía fundamentada en la ética para que logremos un desarrollo que haga posible la dignidad de todos. Ése es el bien común que nos hace tener en cuenta en especial a los más débiles, marginados y empobrecidos.

Queridos fieles diocesanos la solidaridad no es solamente compartir nuestra comida y dinero como tan generosamente estamos haciendo, sino que es una manera de concebir la vida; consiste en pensar que si crece mi vecino, mi familiar, el “otro”, crezco yo. Este principio puede inspirar renovadas iniciativas de barrio, locales, comarcales en la que todos nos pongamos manos a la obra y con la imaginación siempre nueva de la caridad busquemos una economía participativa donde el otro no sea sólo un “factor de producción”, busquemos la creación de nuevas empresas, cooperativas u otro tipo de posibilidades laborales que nos son tan necesarias. Hagamos un esfuerzo mayor pues es mayor la necesidad. Pensemos más en el otro para ser su ayuda y consuelo. Aprendamos a prescindir de lo superfluo para compartir con quien no tiene ni siquiera lo necesario. Mostremos juntos que con los criterios de Dios es posible una sociedad mejor.

 

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