Roma y un encuentro en Alcalá

Selfie con jóvenes en Roma

Selfie con jóvenes en Roma

¡Abrid las puertas a Cristo! No se me ocurre un resumen mejor de las semanas recientes. Ya sé que esto no es una crónica, pero sí una exclamación agradecida, llena de la presencia de Cristo Vivo, del gozo de la Resurrección y de una vida nueva que es la de nuestra maravillosa Iglesia, una impresión que dice mucho.

Comparto con vosotros, pues, los eventos de la Pascua, la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II en Roma, que he vivido como peregrino con sacerdotes y jóvenes, y el día primero de mayo, con el encuentro convocado por Kiko Argüello en Alcalá de los Gazules y presidido por mí, junto a seis obispos más de Andalucía.

La Divina Misericordia del Corazón de Cristo latía fuertemente en las canonizaciones y nos arrastraba en el testimonio poderoso de los santos. Ellos han vivido un amor sin reservas ni concesiones a la galería, sin populismos baratos, buscando únicamente la verdad y el bien en todo momento, aunque fuese contracorriente o algo impopular.

Cada uno traemos recuerdos fortísimos y experiencias inolvidables, que nos remiten a gracias anteriores, a sus vidas y a las nuestras. Sobre todo una gracia nueva de fuerte comunión, de comunidad orante, unida en la fe y en el diálogo de la caridad que une la diversidad de las lenguas.

Ésta es la vida de los santos, que nos enseña a ser libres de ataduras y disponibles para evangelizar, que es la misión de la Iglesia.

La vida entera busca la dirección hacia Dios. Toda la creación alaba al Creador, y los redimidos por Cristo hemos de mostrar al mundo – tan infeliz en su delirio de omnipotencia posmoderno y de autonomía que no le importa matar al Padre- que nuestro gozo y el sentido de nuestra vida está oculto en la Misericordia de Dios.

Vamos contracorriente, sin duda, pero en la única dirección posible. Y no podemos consentir otra, ni que se nos “cuelen” las artes del mundo.  Mientras tanto el diablo (dia-ballo: dividir, “el que divide”) disfruta separándonos unos de otros dentro de la Iglesia y de la comunión de los santos ¡No lo permita Dios! ¡Fuera la crítica, el veneno de la maledicencia, las malas artes con apariencia de bien! Lo repite día tras día el Papa Francisco.

En encuentro vocacional de familias y jóvenes con Kiko Argüello en Alcalá de los Gazules, hizo brillar -incluso más que el sol de justicia que caía- que el Espíritu Santo mueve los corazones, está vivo y actúa en la Iglesia, que Dios cuenta con nosotros. Si estamos encendidos de amor a Cristo la misión para la evangelización en Asia será un hecho, Dios lo hará. El gozo de pertenecer al Señor, sólo al Señor, hace que no vivamos presos del mundo, ni de nuestros planes, ni del interés particular. Un horizonte de grandeza se abre para nosotros en los planes de Dios. Lo saben quiénes se ofrecieron a ser sacerdotes o consagradas o familias enteras en misión ¡Que contraste con la mediocridad reinante, con los delirios de grandeza… que son delirios y nada más!

En este mes de mayo, la presencia de la Virgen María nos conduce a la primavera de Dios, a la fuerza de la gracia que nos hace rebrotar, al obsequio del amor.

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