“Que no consintamos el mal del que nos hacemos cómplices con cada pecado”

Mensaje que, con motivo del Vía Crucis por la pobreza celebrado ayer lunes 25 por las calles de Cádiz intramuros, comuniqué para que se leyera al final del mismo. 

via_crucis_pobreza_4_24_03_14“Queridos hermanos,

Contemplemos y oremos ante Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre que con su encarnación, muerte y resurrección ha redimido al hombre y ha compartido nuestros sufrimientos. Nos ha hecho ver la durísima fuerza del pecado que, además de ofender a Dios nos hiere a nosotros mismos y malogra la sociedad porque cambia el respeto a la voluntad de Dios por nuestro interés, por nuestra voluntad egoísta.

Pidamos hoy por los que sufren, amados por Dios como sus preferidos; oremos ante Cristo para que nadie consideremos a otro como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar.  Dice el Papa Francisco que la cultura del “descarte” promueve no solo “explotados” sino “sobrantes” (EG 53).

Los desahucios, la difícil situación legal y sanitaria de las personas inmigrantes, la congelación de las pensiones, los recortes a la dependencia o la situación de las miles de familias con cero ingresos y que, por tanto, llevan vidas “indignas”, son extremos que debemos considerar. Así mismo,  pensemos en el derecho del no nacido, que está mucho más desprotegido que cualquier excluído, pues el derecho más importante es el derecho a la vida sin el cual el resto de los derechos no tienen sujeto de aplicación. Este derecho se les niega sobre todo a los que la sociedad considera imperfectos, tanto físicos como psíquicos, que son víctimas de esta cultura del descarte, utilitarista e injusta.

Oremos tambien por nosotros para que no consintamos el mal del que nos hacemos cómplices con cada pecado. Mirando al Hijo de Dios que muere por amor vivamos en permanente esfuerzo de conversión hacia la civilización del amor, hacia Cristo.

Que el amor de Cristo Redentor nos haga compartir, dar y darnos, evitar siempre el mal, acoger, comprender, sufrir.  También nosotros, en los calvarios de la vida, debemos escuchar su voz que nos habla de la sed de Dios por el hombre: “¡Tengo sed!”, de la reconciliación y el perdón: “¡Perdónalos pues no saben lo que hacen!”; y de la acogida: “He aquí a tu Madre; he aquí a tu hijo”, y de la vida que no acaba: “Estarás conmigo en el Paraíso”.

A todos los que asistís a este Via Crucis de la pobreza os bendigo con todo mi afecto,

+ Rafael Zornoza Boy, Obispo de Cádiz y Ceuta”

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